Cogida por necesidad, hembra de mi casero por placer

Cogida por necesidad, hembra de mi casero por placer

Hola me llamo Karla , hoy me animé a contarles mi historia, aunque me encantaría que todo quedará en secreto porque estoy casada y no quiero que mi marido se entere, actualmente tengo 21 años, trabajo en la central de abastos vendiendo verdura en una bodega, me gusta leer los relatos de esta página por las tardes, justo cuando estoy esperando que llegue mi esposo del trabajo.

Fui escribiendo todo esto que les quiero contar de a poquito, me tardé mucho en estar poniendo y quitando cosas, hubo días que decidí olvidarme de esto y continuar con mi vida como hasta ahora, aparentando que nunca paso, pero nuevamente me entró el gusanito de desahogarme y retomé el lápiz y papel, tuve que ser cuidadosa para que mi marido no me descubriera…

Para empezar los pondré en contexto, cuando tenía 13 años, mi familia era pequeña, éramos mis padres y mis dos hermanos, uno mayor y otro menor, yo era la de en medio, vivíamos en una pequeña vivienda en una vecindad, éramos una familia pobre, mi papá batallaba para encontrar trabajo y mi mamá lavaba y planchaba ajeno, nosotros íbamos a la escuela.

Mis papás se casaron muy jóvenes, mi papá tenia 20 y mi mamá 18, mi hermano mayor nació al año de que se casaron y yo nací casi 4 años después y mi hermanito menor nació igual dos años después, mi papá tuvo muchos trabajos, prácticamente hizo de todo, pero empezó a trabajar en una hojalatería a unas calles de la casa cuando entré a la secundaría.

Nosotros pasábamos por ahí cuando íbamos a la escuela y mi papá nos daba unos pesos para gastar, mi hermano mayor nada más terminar la secundaria, le dijo a mi papá que ya no quería estudiar y se puso a trabajar en una pollería del mercado de la colonia, en los primeros años le echaba muchas ganas, pero empezó a juntarse con un montón de vagos y se volvió vicioso.

Los problemas en la casa empezaron, mi hermano se iba de parranda y no llegaba a la casa por días, a veces solo volvía para llevarse cosas, la televisión, la plancha de mi mamá, un estéreo viejo que teníamos con sus bocinas y las pocas cosas de valor de mi mamá, sus artes, pulseras y bueno, vacío la casa todo lo que pudo.

Mi papá trato de anexarlo, pero se dio a la fuga y no lo vimos por algunos años, yo ya iba a la secundaría y mi hermano menor estaba por salir de la primaria, una noche mi papá nos platicó que mi hermano se había ido con una mujer y que vivía cerca de la ciudad, meses después mi papá encontró trabajo en una constructora y se iba casi todo el día desde bien temprano.

Mis papás tenían muchos gastos, la renta, la comida, la luz y todos los útiles que nos pedían en la escuela, hizo que mi mamá se tuviera que buscar un trabajo, empezó a trabajar en una peletería, a unas calles de la casa, de vez en cuando mi hermano mayor nos visitaba y se iba hasta que mi papá estaba por llegar.

Él no era tonto, se robaba lo que podía, mi mamá vendia Avon, zapatos y lencería por catálogo, varias veces se llevó sus cosas, ella nunca le dijo nada a mi papá, pero siempre andaba muy estresada por tener que pagar todo lo que mi hermano le robaba, yo no soporté y le dije a mi papá.

El conflicto fue tan grande, que mis papás se separaron, nosotros, mi hermanito y yo nos quedamos con mi mamá y mi papá nos visitaba cada que podía, a mi hermano mayor le cayó de maravilla, cuando nosotros no estábamos en casa, se metia por donde podía para robar lo que fuera, incluido el dinero que mi mamá ahorraba para la renta, tuvimos que mudarnos varias veces por la misma situación, los caseros no le perdonaban la renta a mi mamá y nos pedían la casa, además de que debía pagar los daños porque mi hermano rompía las chapas y las puertas para meterse.

Vivimos un par de años así, con mi madre batallando para pagar las cosas y yo ya con 15 años y en tercer año de secundaria, me hice novia de un muchacho que trabajaba en un taller mecánico, nos veíamos por las tardes en una esquina cuando salía de su trabajo, estaba bien guapo, él tenía 21 años y me dio mi primer beso prácticamente el día que nos conocimos.

Le gustaba verme en esos shortcitos o en las minifaldas que me ponía, como mi mamá no estaba, podía vestirme como yo quería, cada que salía hasta los señores me volteaban a ver, siempre he sido piernona y de cinturita, mis tetas son medianitas, pero bien duritas y respingadas, por esos años me corté el cabello y me hice unos rayos rubios, bien arreglada paraba el tráfico y con mi novio las cosas se ponían muy ricas.

Fue cosa de semanas que empezamos a fajar a media calle, apenas ocultos entre las sombras o entre los coches, le gustaba sobar mis nalgas y mis piernas, se ponía como loco y podía sentir su cosa dura con los arrimones que me pegaba al ir caminando, siempre llegaba a casa con los calzones mojaditos, mi mamá me regañaba por llegar en la noche.

Yo le inventaba cualquier cosa cuando me preguntaba si tenía novio, lo negaba y ella no me creía, muchas veces me dijo que tuviera cuidado, porque ya estaba en edad de que los hombres me vieran y se les antojara pasarse de listos, yo la escuchaba, pero nomas le daba el avión, yo nomas tenia ojos para mi novio y con todo lo que me dijo sobre el sexo, me imaginaba esas cosas con él.

A los pocos días, mi novio me propuso tener relaciones, aunque sí quería hacerlo, todavía no me sentía lista para entregarme, él me ponía bien caliente, me manoseaba toda y siempre intentaba bajarme los calzones, pero yo lo detenía, no me iba a dejar coger a media calle, le dije que debía llevarme a un hotel o a su casa para hacerlo en un lugar bonito, la verdad me gustaba que me rogara, pero nunca cedí, solo lo dejaba manosearme y algunas veces, me sacó las tetas para chupármelas a media calle.

Nosotros ya vivíamos en una casa pequeña y cada fin de mes, mi mamá me dejaba el dinero de la renta para pagarle al casero, don Beto llegaba por las mañanas, mientras mi hermano y yo hacíamos la tarea, era un viejito chaparro, flacucho y con un corte como de soldado y su enorme bigote canoso, era muy moreno y apestaba a ese perfume de botella verde con una cadena que venden en las farmacias, siempre entraba para revisar la casa y me veía las piernas cada que podía.

Me hacia la plática y me hacía bromitas, cuando me veía en faldita o en short se ponía colorado y varias veces me invitó un refresco por el calor que hacía, me decia que me invitaba a comer o a pasear al parque, pero yo le decia que ya estaba grande para mí, que mejor se buscara una viejita, él reía y me insistía, yo siempre le dije que no, nunca me incomodó, al contrario, me parecía una persona muy agradable, al marcharse nos despedíamos de beso en la mejilla, los meses siguientes me dejaba 200 pesos para comprarme algo.

Aunque estaba segura que no me los daba por caridad, a los 15 años 200 pesos son mucho dinero, sobre todo cuando se es de escasos recursos como yo, con ese dinero me compraba ropa en los tianguis en las pacas de ropa usada, toda se la modelaba a mi novio, él me regaló unos zapatos y dos pares de tenis en mi cumpleaños 16, como premio lo dejé llevarme a su casa para manosearnos en su cuarto.

Por primera vez, lo dejé quitarme la blusa y el short, él se quitó la playera, me ganó lo caliente y lo dejé quitarme el brasier, ya me tenía bien caliente y con los calzones bien mojados, manoseándome bien rico por todos lados, yo besaba su pecho, su abdomen, su cuello, era güerito, delgado y estaba mamado, tenía cuadritos en su abdomen y muchos tatuajes en los brazos y su pecho, solo sus manos estaban manchadas por la grasa de su trabajo.

Después de tocarme y de muchos besos me monté sobre de él y por la calentura movía mis caderas como si estuviera clavándome su miembro, mi panocha se tallaba sobre su pantalón, ya estábamos a punto de coger, pero llegó su mamá y tuvimos que vestirnos en friega.

A partir de ese día ya solo pensábamos en coger, ahora yo también tenía ganas, por las tardes cuando fajábamos, le sobaba la verga sobre el pantalón, él metía las manos bajo mi ropa, me apretaba las nalgas bien rico, en una de esas sentí sus dedos en mi panocha, apreté las piernas porque sentí que se me doblaban, le pedí detenerse, pero no me hizo caso, continúo tocándome, cerré los ojos y lo dejé, me estaba haciendo ver estrellitas, pero como pasaban coches y otras personas, siempre nos regañaban y nos teníamos que ir.

Los días pasaron, ya casi era el día de pagar la renta y mi mamá me pidió no salir de la casa hasta que ella llegará, eran esos días en que mi hermano merodeaba y si veía que no había nadie, se metía a la casa a ver que se robaba, ella estaba temerosa por el dinero de la renta, yo ya había salido de la secundaria y ya no estudiaba, iba por el mandado tempranito, hacia de comer, llevaba a mi hermano a la escuela y después iba por él en la tarde, de esa manera, mi mamá me daba permiso de salir con mi novio.

Al día siguiente era sabado, fui por el mandado al tianguis y de regreso pasé a saludar a mi novio, no tenía trabajo y me dijo que ya había conseguido un cuarto para coger, pero que lo teníamos que hacer esa misma tarde porque su amigo solo se lo había prestado un par de horas, empezamos a besarnos emocionados y claro que tendría tiempo para escaparme con él, mi mamá cerraba la peletería a las 8 de la noche, tendría tiempo de sobra.

Me arreglé, me puse una minifalda y una blusa, debajo me puse los calzones más chiquitos que tenía y un brasier que hacia juego, ya se me cocían las habas por coger con mi novio y al salir, le dije a mi hermano que no me tardaba nada, asegurándole que volvería antes que mi mamá, se me olvidó por completo lo que me había dicho de mi hermano, yo ya quería coger, al ir caminando sentía una emoción tan grande como si un vacío se me abriera en el estómago.

Debía caminar unas calles, llegué a donde me citó y él ya estaba ahí esperándome, bien guapo, sobre su motoneta, me saludo con esa sonrisa que me encantaba, nos besamos con deseo, como si estuviéramos ya para coger ahí mismo, pero me detuve, subí a la moto y nos fuimos a la casa de su amigo, apenas entramos a su cuarto y nos quitamos todo, por fin iba a hacerme suya, después de tantas veces que lo deseamos, cuando me quitó mi calzón, ya estaba manchado por las babas de mi panocha.

Rápido se acomodó sobre de mí y yo abrí las piernas, acomodo su rifle en mi cuevita y me la metio despacito, yo sentía que me partía en dos, arañaba su espalda y sus hombros, me la metio completa y empezó a moverse como queriendo taladrarme por dentro, en eso sentí como mi pureza se rompía, empecé a llorar y él me miraba concentrado, me hacía retorcerme con cada embestida, pero el dolor se fue volviendo placer, entre más me la metia más me gustaba.

Después me giró y me acomodé sobre de él, me movía como dios me dio a entender, mientras él jugaba con mis tetas, las atrapaba con la boca y me las chupaba tan rico que yo cerraba los ojos por todo ese placer delicioso, yo tallaba mi panocha sobre su cuerpo, de esa manera la estimulación era muy intensa, ambos gemíamos y nos movíamos hasta estar parejitos.

Les mentiría si les dijera que me cogió por horas, la realidad es que se vino muy rápido, pero a mí no me importó, me quedé recostada sobre su cuerpo unos minutos, hasta que otra vez se le puso dura y volvió a cogerme, ahora me puso de ladito, era bien rico, pero se me salía a cada rato, reíamos porque apenas se movía y se salía, hasta que mejor se volvió a subir sobre mí, pero tomó mis piernas y las subio entre nuestros cuerpos.

De esa manera lo disfruté mucho más, él me daba bien duro y yo le pedía más, mis gemidos lo alteraron y volvió a venirse, por fortuna todo fue con condón, ahora él se quedó sobre de mí, vi el reloj y apenas había pasado una hora, se acomodó a mi lado y me abrazó, nos quedamos dormidos, cuando desperté y ya pasaban de las 6, nos levantamos, nos vestimos y me llevó a mi casa.

Cuando llegué mi mamá estaba sentada en la mesa con sus manos en la cabeza, mi hermanito estaba llorando asustado, les pregunté qué había pasado, el ojete de mi hermano llegó y con engaños convenció a mi hermanito para que lo dejara pasar, se robó el dinero de la renta y los ahorros de mi mamá, sobra decir que mi mamá me puso una buena chinga por salirme, pero estaba muy asustada, don Beto no iba a querer darle tiempo para volver a juntar el dinero.

Por los cintarazos que me dio, me dejó toda adolorida y con marcas en las piernas, ¿y ahora qué vamos a hacer?, me decia asustada, a mí se me caía la cara de la vergüenza, ni siquiera rezongué, ni traté de detenerla, me lo había ganado a pulso, incluso trato de golpear a mi hermanito, pero ahí si la detuve, desquítate conmigo, él no tiene la culpa, le dije y vaya que se desquitó.

Después de golpearme, se regresó a su trabajo, se dio cuenta porque vio pasar a mi hermano con la mochila de mi hermanito y sospechó, el muy gandaya se llevó hasta mis tenis y la poca mercancía que mi mamá debía entregar, yo me quedé tirada al lado de mi cama, me dolían las piernas y la cola, entre la cogida y los cintarazos apenas podía pararme, Fanny, ¿qué le vamos a decir a don Beto?, nos van a correr otra vez, me dijo mi hermanito.

Yo me quedé pensando en qué decirle, me sentí completamente responsable por la situación, en eso recordé las insistencias de don Beto para que saliéramos, se me ocurrio coquetearle para que nos diera tiempo para pagarle la renta, estaba segura que de ser necesario, aceptaría salir con él, no me quedaba de otra, cuando llegó mi mamá, nos dijo que había conseguido un préstamo con su patrón, pero que apenas le iba a alcanzar para pagarle a las señoras que le habían comprado las cosas que vendía de Avon.

Yo le dije que iba a hablar con don Beto para que nos diera tiempo y de ser necesario, buscaría un trabajo, ella solo me miró con desprecio, ni siquiera quiso saber a dónde me había ido, aunque creo que ya se lo imaginaba, llegó el lunes, me arreglé, me puse bonita, sabía que don Beto no tardaba en llegar, eran días calurosos y me puse un vestido largo para cubrir mis moretones.

Llegando de la escuela, don Beto toco a la puerta, le abrí más sonriente de lo usual, me saludo de beso, llevaba un pants y una playera de esas que tienen cuello y dos botones y su maletín donde llevaba los recibos que nos daba cuando le pagaba su dinero, me saludo sonriente y de beso en la mejilla, entró a la casa para hacer su tradicional inspección.

Me dijo que ese look tradicional me quedaba perfecto, pero que me veía mejor con los shorts o las minifaldas, iban más a la época, yo le dije que no podía usarlas porque habíamos tenido un problema, le conté sobre mi hermano y todo lo que se había robado, don Beto me miraba muy serio, yo le sonreía, pero hice carita triste, le dije que había sido mi culpa y que mi mamá me había golpeado por el coraje, levanté mi vestido para enseñarle las marcas en mis piernas.

Como mi piel es clarita, los moretones se veían perfectos, don Beto peló los ojos al ver mis piernas, haciendo la voz más seductora que pude, le dije que nos diera tiempo para juntarle la renta, él trago saliva y se puso serio, no podía esperar mucho tiempo porque esas no eran sus políticas, yo le insistí y para convencerlo, acepté salir con él, su cara se puso roja y empezó a sudar, en su pants noté que su miembro ya lo tenía bien duro.

Yo sentí un calorcito en mi cuerpo, levanté mi vestido de a poquito y le dije que podría ser muy complaciente con él si nos ayudaba, mi calzoncito se asomaba y fue demasiado para él, me tomó de la mano y me llevó a la sala, se sentó en el sillón y me colocó sobre sus piernas, sentí sus manos viejas empezar a tocarme, su mirada perdida en mis piernas que sobaba con cariño, me decia que estaba bien chula y que desde hace mucho fantaseaba conmigo.

Levantó la mirada y se acercó para besarme, un poco temerosa acepté sus besos, que extraña sensación en mi boca sentir sus bigotes, pero me agradó, lo abracé y sentí sus manos tocarme, apretaba mis nalgas y mis piernas, después sacó una de mis tetas por el escote del vestido y la empezó a chupar, fue ahí cuando volví a sentir esa rica humedad en mi panocha.

Después bajó el cierre de mi vestido, saco mis pechos, los sobaba y los chupaba tan rico que se me escapaban algunos gemidos, me levantó para quitármelo, ya en calzoncitos volví a sentarme en sus piernas para que continuara manoseándome y puso su mano en mi entrepierna, sobándome tan rico como mi novio, ahí si se me escaparon unos gemidos intensos, me encendió completamente, yo solita me quité los calzones para que me tocara bien.

Él no se hizo del rogar y metio sus dedos dentro de mí, como si me cogiera con ellos, no sé cómo le hacía, pero me tenía bien contenta con todo el placer delicioso que estaba sintiendo, movía sus dedos como un remolino dentro de mí, me besaba y apenas podía gemir, sentía como mis piernas se apretaban con fuerza y unos minutos después todo ese placer fue tanto que me orine sobre su mano.

Él jadeaba y sobaba mi panocha por fuera, yo me solté porque mi cuerpo empezó a contraerse, como si me estuviera dando un ataqué, él me sujetó con fuerza, eso muñequita, gózalo, así te quería tener, me decía con esa voz intensa, yo no podía creer lo que estaba pasando, después me recostó en el sillón con las piernas arriba, para empezar a chuparme toda, yo trataba de no reírme, pero su lengua me hacía cosquillas y cuando la metia en mi panocha sentía como que me raspaba.

Ya me tenía bien mojada y caliente, se quitó la playera y bajó su pants, tenía su cuerpo viejo, peludo y rojizo, su tronco era gordo y lleno de pelos con canas, la tenía chueca hacia su izquierda, nada que ver con mi novio, que, aunque la tenía más chiquita, era blanquita y sin tantos pelos, pero yo ya quería sentirlo dentro de mí, estaba como loca por ese viejito.

Se acomodó y me la metió poco a poco, sentí como se abría paso dentro de mí, me la metió completa y se quedó así, mirándome, sin decirme nada, tal vez mi cara de placer le encantaba, empezó a moverse y a cogerme bien rico, yo gemía, me retorcía y le pedía más, él me complacía, jadeaba y decia cosas muy calientes, yo me dejé llevar, con todo ese placer volví a orinarme, pero esta vez no se detuvo, estaba encendido y tenerme así lo ponía más caliente.

Cuando terminé de temblar, me tomó fuerte por la cintura y me cargó para sentarse conmigo encima, me dijo como debía acomodarme, como debía moverme, yo obediente lo hice, ahora yo controlaba las penetraciones mientras don Beto jugaba con mis tetas, me encantaba verlo chupármelas, me movía intensa sobre de él, su cara, su sonrisa me tenían completamente idiotizada, nunca pensé que podría aguantarle el ritmo a un señor.

Así estuvimos un buen rato, creo que coger así me gustó demasiado, él se puso serio, me tomó fuerte por la cadera, yo sentí que nuevamente iba a orinarme, ambos nos concentramos y explotamos juntos, yo me oriné y él se vino dentro de mí, yo lo dejé por la calentura del momento, que rico sentir su explosión dentro de mí, terminamos y me quedé sobre de él, ambos estábamos agotados y satisfechos, lo abracé y nos besamos como un par de novios.

Le volví a pedir que nos esperara para pagarle la renta, mamacita… ya me pagaste, hasta te salgo debiendo, espero que cada que venga a cobrar me pagues así, por éste mes ni te preocupes, me dijo bien sonriente mientras amasaba mis nalgas, después de un rato me levanté, sentía mis piernas doblarse, él se vistió y se fue, con la promesa de volver al mes siguiente por mas, yo me apuré a limpiar todo, aunque al agacharme me dolía horrible.

Por la noche llegó mi mamá, me dijo que don Beto pasó a verla y que le dijo que no se preocupara, que yo le había contado todo lo de mi hermano y que la entendía, yo le dije que don Beto era un hombre muy bueno, me sentí muy contenta por haber resuelto el problema, mi hermano continuó con su vida de desmadre hasta que por fin lo anexaron y mi papá se lo llevo con él, meses después, ambos se fueron a Estados Unidos de mojados.

Yo seguí pagándole la renta a don Beto con mi cuerpo, me enseño muchas cosas, era un hombre muy experimentado, aprendí a chupársela, a estimular y a tocar mi cuerpo, me compraba ropa muy linda que usaba cuando iba a verme, además de que, con el dinero de la renta, me compraba zapatos, tangas y braguitas de encaje, mi relación con mi novio siguió, ponía en práctica todo lo que aprendía con don Beto y mi novio se enamoró profundamente de todas esas cosas ricas que hacíamos juntos.

Con él el sexo era rico, pero con don Beto era todo muy diferente, como mi papá y mi hermano se fueron a Estados Unidos, mi mamá se salió de trabajar y poco a poco compraron un terrenito y fincaron la casa, mi hermano pequeño entro a la preparatoria y ahora está en la universidad, yo me casé con mi novio y a don Beto lo veo de vez en cuando, ese viejo me sigue dando unas cogidas tan ricas como aquella vez, como ya es estéril, siempre me da su leche deslactosada adentro sin problemas.

Mi marido está feliz porque siempre lo mando a trabajar bien desechadito, ya tenemos 5 años juntos, ahora nosotros estamos trabajando duro para comprarnos lo nuestro, espero nunca tener que confesarle mis tardes con don Beto, ¿me guardan el secreto?…