Putita Joven una pervertida que nació para ser puta
Hola, me da mucho gusto que estés aquí, si es la primera vez que me lees, me presentó, me llamo Wendy soy chica escort en una agencia privada en USA, llevo trabajando con ellos casi 3 años, soy mexicana, nací un 5 de febrero del año 2000, soy bajita, mido 1.56, peso 52 kilos y mis medidas son 85b 60 85, en mi canal de Telegram tengo muchas fotos lindas donde podras ver como soy, al final del relato te dejó mi correo, por ahí me puedes pedir el link. También en mi correo me puedes escribir para saludarme, decirme algo bonito o lo que tú quieras, no me espanto ni me ofendo, solo tratame bonito y con respeto, con mucho gusto les comparto mis puterias, talvez te preguntes ¿Cuál es el motivo de todo esto?, bueno te cuento rápido, empecé a coger a los 16 con mi novio de la preparatoria, tuve malas experiencias con él y con otros chicos de la prepa que me dejaron con ganas y demasiada frustración.
No fue hasta que un amigo de mi padre me cogió en la casa, que supe lo rico y delicioso que es coger, después tuve otras experiencias con otros maduros, todo eso me guio a darme cuenta que en sus manos podría explotar perfectamente mi sexualidad, porque cada vez era más complicado estar tranquila, me nacía un deseo casi incontrolable que me hizo cometer demasiadas locuras por esos años de preparatoria, locuras que me llevaron poco a poco a volverme UNA PUTA COME HOMBRES. En todos los relatos que ya les compartí, les he contado algunas aventuras con esos hombres, iré poco a poco contando mi historia, es demasiado liberador para mí poder confesarme con ustedes, siempre quise tener esta opción de contar mis aventuras, cada noche que me acostaba a dormir después de llegar a casa con las piernas temblorosas por los orgasmos y con la leche de mis amantes adentro, me sentía muy triste por no tener a alguien a quien contarle.
Y bueno, los invito a este viaje sexoso, déjenme contarles mis secretos, mis perversiones y todas mis locuras, les prometo hacer que se les ponga dura o que sus pantis se mojen con cada historia, solo con la pequeña advertencia de que talvez no les quede de otra que masturbarse al leerme o mejor aún, provocarles un deseo tremendo que sus parejas sean los que paguen, sin más, solo puedo agradecerles y con mucho gusto les comparto el siguiente relato:
COMPLACIENDO AL ALBAÑIL EN SU OBRA.
Esa tarde llegué de la preparatoria, me dejaron mucha tarea y debía ir a la papelería, pero como me toco educación física, terminé toda sudada y me metí a bañar, eran tardes calurosas, el verano casi llegaba y el sol caía a plomo por las tardes, por esos días mi mamá iba a con mi tía Araceli porque le ayudaba con un vestido para una de mis primas, yo, sola en casa con éste deseo sexual que despertaba por cualquier cosa, tuve varias oportunidades para ir a divertirme. Mi papá iba por mi mamá y llegaban a casa pasadas las 6 pm, yo tenía poco más de 3 horas para ir a divertirme, pero esa tarde de verdad tenía que apurarme para hacer mis tareas, al salir de bañarme, me sequé bien, me puse crema en todo el cuerpo, cepillé mi cabello y por el calor que hacía, solo me puse una ombliguera de tirantes y el short más chiquito que encontré, no me puse ropa interior, por las prisas me puse unas sandalias y me hice una coleta.
Tomé mi cartera y salí a la papelería, para mi mala suerte, la más cercana estaba cerrada, la próxima estaba a unas 5 calles de mi casa, no me quedó de otra que ir hasta allá, iba apurada porque tenía muchas cosas por hacer, pasé por todos esos negocios donde sabía bien que me veían esos hombres maduros, obvio siempre les coqueteaba, pero esa tarde apenas les sonreí discreta al pasar a su lado, continué caminando y a falta de a una calle, en la otra esquina estaba parado mi ex. Me habían llegado rumores de que estaba interesado en mí y que pretendía pedirme otra oportunidad, a mí ya no me interesaba volver con él, ni siquiera tenía la intención de pasar por ahí, en vez de eso me metí en esa calle, aunque debía rodear esa cuadra, no me importó, caminé unas casas y vi que casi hasta la esquina estaba una camioneta de esas que dejan material para las construcciones, algunos hombres bajaban costales y más cosas que dejaban en la banqueta.
Me pasé del otro lado y caminé un poco más rápido, al pasar frente a ellos, empezaron a silbarme y a decirme muchas cosas, yo me sonrojé y volteé a verlos, con una sonrisa agradecí sus palabras, pero no me detuve, rodeé la cuadra y llegué a la papelería que sí estaba abierta, al entrar estaba in hombre, tenía ropa de trabajo, unas botas llenas de tierra, un pantalón azul y una camisa de cuadros y de manga larga, me pare al lado y él volteo a verme. Me saludó amable con una sonrisa enorme, era guapo, alto, moreno, su cabello y su bigote bien recortados, olía como a madera, pero también percibí un rico olor a loción, a pesar de que su ropa estaba llena de polvo, sus manos estaban recargadas en el mostrador, unas manos toscas y fuertes por el trabajo, tenía un dedo cubierto con cinta de esas que usan para los cables, probablemente se cortó, yo lo miraba discreta, pero con la curiosidad que mi calentura despertaba.
Estábamos ahí parados, en eso la señora que atendía salió y le dio unas hojas, unos marcadores y varios lápices bicolor, él le pagó y le preguntó dónde vendían comida, recién iba llegando a trabajar y no conocía por ahí, por su descripción supuse que era de los que estaban trabajando en la calle anterior, donde dejaron el material, la señora muy cortante le dijo que solo hasta el mercado, que en su celular podría checar la ubicación, él le agradeció y antes de salir, volvió a sonreírme. Yo sonrojada correspondí, él salió y yo le pedí a la señora todas las cosas que necesitaba, ella se fue a buscar y volteé a la salida, ahí estaba sobre la banqueta ese hombre apuesto, fumaba un cigarro y checaba algo en su telefono, volteaba a todos lados como buscando ubicarse, mi vulva palpitante empezó a hacer que mi calentura despertara, pero antes de poder hacer algo, él caminó hacia la esquina, dejándome con la palabra en la boca, sin poder hablarle.
Para mi mala suerte, otras personas entraron y la señora se tardó en salir con las cosas que le pedí, ya con todo lo que necesitaba, pagué y salí, guardé mi cambio y él apareció en la esquina, miraba para todos lados, discreta caminé hacia él, a unos metros nuestras miradas se conectaron, un poco nerviosa le sonreí.
—No eres de por aquí verdad— le pregunté.
—No, es la primera vez que vengo a trabajar por aquí y no encuentro el mercado para comprar algo para comer— me dijo. El calor era muy intenso y el sudor caía por su frente.
—El mercado está para el otro lado, si quieres te llevó, queda camino a mi casa— sonriente aceptó mi propuesta.
—Eres muy amable chaparrita, pinche vieja de la papelería, le pregunté y me mando bien lejos, como si le costara— me dijo un poco molesto y no lo culpo.
—Ah no te preocupes, esa señora es así, por eso casi no vengo para acá, y ¿de dónde eres? — le pregunté sonriente mientras me miraba de pies a cabeza.
—Vivo en La Lázaro, ahí por donde no paso Dios, pero soy de Jalisco, solo que me vine a trabajar con un amigo y pues no conozco por aquí y mi pinche chicharrón (su telefono) no sirve— me gustaba mucho su manera de hablar, sus ojos se perdían en mi cuerpo, obvio yo me hice la inocente y solo le sonreía.
—Soy Víctor, mucho gusto princesa, eres una muñequita, te ves muy linda con esa ropita que traes, ¿cómo te llamas mi amor? — imposible no sonrojarme con todo lo que me decía.
—Ah, muchas gracias Víctor, yo soy Wendy, mucho gusto, es que el calor esta horrible y pues como tenía que ir a comprar todo esto para mi tarea, me puse esta ropa para andar fresca— le dije mientras me comía con la mirada.
—No pues vendito calor, mírate nomás, si hasta parece que eres de porcelana, hasta tus piecitos están preciosos, que bueno que viniste hasta por acá— yo me reía nerviosa por lo que me decía, llegamos a la calle del mercado, le dije que llegaba allá todo derecho.
—Muchas gracias por acompañarme, ¿no quieres un refresco o alguna golosina?, nomás para agradecerte— le dije que no, pero insistió, lo pensé un poco más, sobre todo por mis tareas, pero como ya me tenía un poco caliente por su mirada y su manera de hablarme, acepté, caminamos hasta el mercado platicando un poco más, le dije que iba en la preparatoria y que tenía 16 años, él tenía 38 y era maestro de obra, iban a remodelar esa casa, me explicó todo lo que iba a hacer. Compró comida y me dijo que los próximos días estaría solito porque su primo iba a ir a la ciudad a arreglar unos papeles, me compró un jugo y unas donitas azucaradas, regresamos y llegamos nuevamente a esa esquina, él me hacía reír mucho, su voz era fuerte pero agradable, nos quedamos ahí unos minutos más platicando, como si no nos quisiéramos despedir, pero como tenía mucho que se había ido y su primo lo esperaba para comer se tuvo que ir.
No sin antes despedirse, tomó mi mano con su mano callosa y fuerte, sonriente la besó, después besó mi mejilla y me agradeció por ayudarlo, yo correspondí a sus palabras y caminé a casa, apenas avanzar unos metros volteé y estaba ahí parado viéndome caminar, por instinto moví mi culito con mas ritmo sabiendo que él lo estaba mirando, llegué a casa y me apuré para terminar mi tarea, pero tenía su mirada en mi mente, su voz, su cuerpo, empecé a fantasear. Me dejé caer en mi cama, empecé a tocarme pensando en él, mis manos recorrían mi cuerpo imaginando que eran las suyas, al meterlas bajo mi short, mi vulva ya estaba empapada, empecé a retorcerme al sentir en mi clítoris el rose de mis dedos, me levanté de un brinco, me quité la ropa y me metí a la regadera, abrí el agua fría para tratar de controlarme, ya sabía que, si dejaba que mi calentura subiera, no iba a bastar con masturbarme, de hecho, no me gusta hacerlo.
El agua apenas pudo tranquilizarme un poco, me sequé y volví a mi recámara, con mucho trabajo terminé mi tarea, mis padres llegaron, comimos y al estar charlando con ellos, me llego un mensaje.
—Hola muñequita, muchas gracias por ayudarme hoy, me dio mucho gusto poder conocerte, que rica te veías con esa ropa, ojalá que te vuelva a ver pronto, te mando un beso enorme y otros más para todo ese cuerpo delicioso que tienes— obviamente mi calentura despertó de nuevo. Me despedí de mis papás y subí a mi recamara, estuvimos mensajeándonos un buen rato, la conversación subio de tono rápidamente, sin pena me confesó lo mucho que se le antojaba poder disfrutar de mi cuerpo, todas esas cosas ricas que haría conmigo y me mandó algunas fotos sin ropa, estaba bien dotado, lleno de pelos por todo el cuerpo, le gustaba ejercitarse y tenía un cuerpo fornido, me dijo que de tener una oportunidad, me cogería hasta hacerme venir a chorros.
Al día siguiente, durante todas las clases nos mandamos mensajes, imposible no fantasear con él, claro que quería ser usada por ese hombre rudo, me mando una foto en la obra, con la camisa abierta, el pantalón en las rodillas y su verga en las manos.
—Mira lo que te está esperando, ¿no se te antoja?— yo no supe qué contestarle, claro que se me antojaba, pero por alguna razón trataba de controlarme, supongo que como en esos días cogía con mis profesores, no me animaba a hacer más locuras. Traté de tranquilizarme, pero sabía bien que necesitaba ser usada por ese hombre.
—Amor, ven a la obra, estoy solito, podemos coger un buen rato, te voy a dejar bien atendida, vas a ver que hasta vas a querer más— sus palabras me calentaban, pero no me decidía, apenas entrar del receso, nos sacaron a medio día porque otro profesor faltó, mis amigos planearon una fiesta, pero yo no quise ir, ya sabía lo que hacían y sinceramente no me sentía con ganas.
Mis amigas se fueron y yo tuve que volver solita, tomé la combi, me sentía tranquila, tomé mi telefono y tenía varios mensajes de él, al abrirlos, tenía un video donde se estaba masturbando acostado en el piso, con la camisa abierta, el pantalón a las rodillas y se la jalaba con fuerza.
—Ven putita, vamos a coger, te voy a dar bien duro, mira mi verga, me la pones bien dura solo de pensar en ese culo delicioso, deja de pensarlo, ven para cogerte— en ese momento perdí cualquier intención de contenerme. No le contesté, llegué a casa, me bañé y me puse algo similar al día anterior, una licra y una playerita bien pegada, obvio sin ropa interior, me puse unos tenis y unas calcetas, volví a hacerme una coleta y me puse crema por todo el cuerpo, como mis padres no estaban, podría divertirme un buen rato con él, tome un par de condones, mi celular y mi cartera, los guarde en una bolsa chiquita, apenas salir de casa sentía como mi vulva empezaba a arder, estaba hambrienta y quería devorarlo.
Tomé mi bicicleta para ir rápido, ya me comían las ansias, al ir pedaleando me di unos buenos tallones en el asiento, llegué en minutos, con los nervios a tope toqué el portón, nadie salía, volví a tocar y nada, saqué mi celular y le mandé un mensaje.
—Hoy es tu día de suerte, ya vine para que me cojas bien duro— en segundos abrió la puerta, me miró lujurioso, estaba sonrojado, yo un poco nerviosa lo salude, sonriente me pidió entrar, deje la bicicleta recargada en unos ladrillos y el cerró la puerta. Rápidamente me abrazó de espaldas, sentí sus manos empezar a tocarme, cerré los ojos y me recargue en su cuerpo, mientras sus manos me recorrían y su boca besaba mi cuello y mis orejas, mi piel se erizo al escuchar su voz sexosa.
—Mamacita, ya ves como si tenías ganas de que te cogiera, estas deliciosa, ya quiero metértela hasta adentro (sus manos sobaban mi vulva sobre la ropa) uy cosita, ya vienes bien mojadita, mira como me tienes— me dijo mientras pegaba su pelvis entre mis nalgas.
Sentí ese bulto tratar de acomodarse en medio de mi trasero, yo me moví para acomodarlo bien, sus manos entraron bajo mi ropa, una apretaba mis tetas y la otra hurgaba entre mis labios húmedos para llegar a mi clítoris, ahí en el patio me estaba manoseando bien rico, yo solo movía el culo para tallarme bien a su verga, mientras su lengua me lamia el cuello y mordía mis orejas con cuidado, metí una mano entre nosotros para sobar su verga sobre la ropa.
—Así mamacita, así, que rico me la sobas, ¿ya la quieres verdad, se te antojo mucho mi verga?, pensé que te ibas a enojar, pero me demostraste que eres toda una putita y que te quieres comer mi verga, anda ven que me la vas a chupar antes de cogerte— sin soltarme entramos a la casa, que estaba echa un desastre, montones de escombro por todos lados, sin ventanas ni puertas, estaban apiladas en el patio, me llevo a donde era la cocina, ahí tenían unas tablas y maderas apiladas.
Se desabrochó el pantalón y lo dejó caer hasta sus tobillos, yo tomé su verga con ambas manos y empecé a frotarla mientras nos besábamos con todas las ganas que nos teníamos.
—Mi vida, me encanta lo puta que eres, estas bien chiquita y ya andas de caliente, desde que te vi en la papelería me di cuenta que te encanta la verga, nomás de recordarte con esa ropa, mira cómo se me pone, ya chúpamela, que no me puedo aguantar más— me tomó del cuello y me bajó hasta su verga. Primero le sople para que sintiera mi aliento mientras lo masturbaba, que rico sentir esas venitas que se marcaban por ese tronco moreno y sobaba sus huevos peludos, el suspiró muy fuerte, inclino la cabeza y sus dedos jalaban su cabello, empecé a darle besitos por todo el tronco, una gotita de líquido seminal salía por su cabezota morada, la comí de un lengüetazo y el me miro como si le hubiera arrancado una costra, le sonreí coqueta antes de empezar a chupársela.
—Ándale mi amor, ya no me martirices más, chúpamela de una vez, no seas así— me suplicó, obediente abrí la boca y saqué la lengua, metí su cabezota primero, aprisionándola con mis labios, mi lengua la recorría y sus ojos se pusieron en blanco, empecé a moverme, a metérmela cada vez más, la textura de su piel más todas esas venas que se le marcaban me encantaba, estaba deliciosa a pesar de que trabajaba de albañil, era muy limpio y estaba muy bien. Con las tetas al aire se la chupé un buen rato, él me miraba complacido, sus dedos entraron en mi cabello, acariciaba mi cara, me tomó de la nuca y empezó a moverse, bajé las manos para que me cogiera por la boca, cada vez me la metía un poco más, como tratando de rebotar su barriga en mi frente, yo me deje coger así unos minutos, mi saliba escurría en el piso, a veces me la metia tan adentro que me hacía toser y atragantarme con mi baba.
—Mi reina, me la chupas deliciosamente, pero ya quiero cogerte, quiero metértela hasta el fondo— continuó unos segundos más así, puso su mano para atrapar mi saliva y me la untó en mis tetas, me la saco de golpe y un hilo de baba se quedó pegado entre su verga y mi boca, lo tomó y me lo embarro en la cara, ambos nos reímos por todo eso, yo me quedé ahí de rodillas tratando de recuperar el aliento, mientras él se quitaba la ropa, me quité los tenis y me puse de pie para quitarme la licra. Pero me pidió esperar, rápido improviso una cama con unas maderas cuadradas, tomó una lona y las cubrió como si fuera una sábana, tomó mis manos y me jaló, me recostó sobre la cama improvisada y levantó mis piernas, tomó mi licra y me la quito despacito.
—Mi reina estas tan mojada que tus jugos se quedan pegados entre tu cosita y la licra, que delicia— yo estaba tan nerviosa y tan caliente que solo quería que me cogiera duro, hasta correrme a chorros.
Pero tenerme así hizo que el deseo por chuparme lo invadiera, con la cara entre mis piernas empezó a comerse mi vulva, abrió mis labios carnosos y llegó a mi clítoris, su lengua me recorrió completa, tallaba su cara en mi humedad, como si quisiera meterse completo, yo gemía, metí los dedos en su cabello y lo jalaba despacito, estiró las manos y apretaba mis tetas y mi piel, que rico sentir esas manos llenas de callos por todo mi cuerpo, raspaba mi piel de una manera deliciosa.
—Ya cógeme por favor, mira como me tienes, dame duro, con fuerza, cógeme como la puta que soy— levantó la cara, me miró emocionado.
—Dilo de nuevo, pídeme que te coja mamacita, me encantó— obvio lo obedecí.
—Dame tu verga, métemela con fuerza, aunque me partas en dos, pero cógeme duro por favor, ya no resisto, cógeme, quiero venirme a chorros— me miró con esa sonrisa malvada, de enderezó y apunto esa verga deliciosa, pasándomela como si tratara de abrirse paso con su cabezota.
Yo cerré los ojos cuando la centró y empezó a empujar, como ya estaba bien lubricada me la metió de una, arrancándome un grito porque la sentí hasta los intestinos, ahí se quedó unos segundos mientras se acomodaba.
—Prepárate mi amor, no me voy a detener, aunque llores y me supliques— yo asentí nerviosa y empezó a cogerme, penetrándome con fuerza, sacándome leves pujidos y gemidos, me la daba con fuerza, con coraje, el gemía, gruñía y yo empecé a gritar. Me estaba cogiendo justo como se lo pedí, rápido me saco un orgasmo delicioso, pero no se detuvo, aunque quise detenerlo, los espasmos me hicieron perder el control de mi cuerpo, cerré los ojos mientras me retorcía y mis gemidos se cortaban por las envestidas de esa máquina sexual, sentí que tomo mi barbilla y apretó mi cara.
—Así puta gózalo, ¿eso querías no?, vistiéndote así mostrando ese culo y caminando como puta en la calle, buscando un macho que te coja como la perra que eres. Sus palabras me tenían idiotizada, hambrienta, quería más, aunque trataba de contestarle no podía ni siquiera decir una silaba.
—Date la vuelta zorra, enséñame ese culo hambriento, ponte en 4, ¡obedece! — se enderezo y su cuerpo fornido estaba empapado en sudor, lo miré un rato, admirando ese hombre delicioso.
—¿No oyes?, ¿acaso quieres que te obligue?, ándale pinche escuincla caliente, ponte en 4— tomó mis manos y me giró con fuerza.
—No te da vergüenza, tan chiquita y ya andas de puta, pero no te preocupes, yo te voy a coger como te gusta, pinche puta— y no, no me molesta que me hablen de esa manera mientras me cogen así como él, al contrario, me encanta que me digan lo puta que soy mientras me usan y me sacan muchos orgasmos, al tenerme así en 4, volvió a metérmela con fuerza, enrolló mi cabello en su mano, mientras pegaba mi pecho a la lona y paraba bien mi culito para él.
Continúo penetrándome con todo, haciéndome gritar y llorar por el placer que me estaba provocando, mis nalgas rebotaban en su pelvis.
—Así papi, cógete a esta puta, que rico me usas, la tienes bien rica, aaah, así, así papacito, nalguéame, pégame fuerte, asiii, que riicooo— le decia mientras me nalgueaba muy fuerte, cada golpe hacia que se la apretara más fuerte, varias embestidas después, me vino otro orgasmo y esta vez mis chorros salieron como si fuera una manguera a presión. Otra vez los espasmos y las contracciones me hicieron perder el control de mi cuerpo, después de que los chorros dejaron de salir, caí sobre la lona retorciéndome por el placer, no sé si me desmaye o solo perdí un poco la noción del tiempo, cuando reaccioné él estaba parado frente a mí, masturbándose muy fuerte.
—Vaya, hasta que despiertas pinche zorra, tuve que cogerte dormida, pero justo despiertas cuando ya me voy a venir, abre la boca— me dijo entre gemidos.
Obvio le obedecí y abrí mi boca, unos segundos después se vino a chorros y su leche me cayó en toda la cara, terminó y con sus manos me la embarro por todos lados, yo solo reía nerviosa, viéndolo ahí parado frente a mí, exhausto por ese encuentro tan rico.
—¿Estas bien corazón?, no me di cuenta que te desmayaste hasta que te viniste otra vez, como ya ni gemías ni te movías, quise parar, pero estaba bien caliente y segui, ¿cómo te sientes?— me dijo, tomó mi mano y se sentó junto a mí.
—Cielos, nunca me había pasado algo así, me siento bien, cansada, pero bien, creo que me cogiste mejor de lo que pensé— le dije muy feliz, besó mi mano y se recostó a mi lado, ya casi eran las 3 de la tarde.
—Ay hasta se me paso la hora de la comida, pero no importa, con tremendo manjar que me acabo de comer, hasta el hambre se me fue— dijo cariñoso, me tenía de cucharita abrazándome con fuerza, creo que ambos estábamos deseosos de coger otra vez.
Pero unos minutos después, su celular sonó, se levantó a contestar, empezó a vestirse muy rápido y me miraba asustado.
—Si don Pedro, no se preocupe, ¿a qué hora llega? …ah ya está por llegar, (me miró y me levanté) si, si, no se preocupe, yo le explicó lo que hace falta ahorita que llegué— colgó y me dijo que me tenía que ir porque su patrón estaba por llegar, busqué mi ropa y él se terminó de vestir, estaba empezando a vestirme cuando él patrón llego. Ya sin tiempo, me dijo que me sentara en el piso, levantó la lona y tomó dos maderas cuadradas para cubrirme con ellas, después puso la lona sobre la madera y me dijo que no me moviera, nos reíamos nerviosos por el temor de ser descubiertos, pero mis tenis estaban en la entrada del cuartito, él salió a verlo y regresó, una vecina lo detuvo para saludarlo, le dije que me pasará mis tenis y me los pasó, nos dimos un beso y escuchamos que la puerta se abría.
—Ya llegó, no te vayas a asomar, ahorita regresó— volvió a besarme y me tapó nuevamente, unos segundos después escuché que charlaban, Víctor le explicaba los avances y lo que necesitaban, se tardaron unos 20 minutos y don Pedro se marchó, salí de mi guarida en cuanto escuché que se iba, me paré en la puerta asomándome discreta, él estaba parado en la puerta del portón y cuando volvió traía una bolsa de plástico, cerró la puerta y yo me volví a desnudar, obvio quería coger de nuevo. Cuando regresó yo ya lo esperaba desnuda, me miró y sus ojos volvieron a iluminarse.
—Cabrona, eres insaciable verdad chaparrita, ¿te encantó como te cogí?, voy a tener que cogerte rápido porque el viejito me trajo de comer— me dijo mientras se desnudaba, apenas caer su pantalón, volví a pegarme a su verga flácida, me encantó ponérsela dura con mi boca, ya bien duro me cargó y me la metio de golpe, lo abracé con mis piernas y mis brazos, moviéndonos tan rico que me hizo gritar en segundos.
Esta vez nos salimos al patio trasero, me bajó y me recargué en el lavadero mientras me cogía igual de fuerte, de nuevo me corrí muy rico, pero ya no me salió nada más que los espasmos que hacían que mis piernas se doblaran, tomó mi cintura con sus manos y aceleró hasta que se corrió, pero su lechita cayó sobre mi cadera, ambos empapados en sudor por el calor intenso y por ese encuentro exprés nos mirábamos satisfechos, respirando agitados. En eso, tomo una jícara y con el agua de la pileta del lavadero nos enjuagamos, que rico sentir el agua fría caer por mi piel, me echo varias jicaradas de agua fría, después me dio una de sus playeras que usé como toalla, nos vestimos y lo acompañé a comer, agradecida por haberme cogido tan rico esa tarde, casi en punto de las 4 le dije que debía irme, nos dimos un beso y me acompaño a la puerta, antes de salir nuevamente nos besamos, parecía que no quería irme.
Apenas salí a la calle, me pidió volver otro día para volver a coger como esa tarde, le dije que sí, charlamos otro poquito y a punto estábamos de besarnos cuando la vecina de al lado salió, tuvimos que alejarnos un poco, nos miraba sospechando, al verme con esa ropa frente a él nos saludó discreta pero nos veía.
—Entonces no está interesado en cambiarse de compañía, mire que nosotros manejamos mejores planes— le dije tratando de disimular.
—No señorita, muy amable, mejor después y disculpe tengo que trabajar— me dijo siguiéndome el cuento, me despedí y antes de cerrar la puerta me mando un beso, arrancándome una sonrisa, subí a mi bicicleta y la vecina me miraba sospechosa, me fui lo más rápido que pude a casa, nerviosa y satisfecha por coger con Víctor, obvio volví más veces a esa casa, cogimos un par de veces más, pero él tuvo que volver a Jalisco y ya no lo volví a ver.
No fue hasta que un amigo de mi padre me cogió en la casa, que supe lo rico y delicioso que es coger, después tuve otras experiencias con otros maduros, esos eventos me hicieron darme cuenta que en sus manos podría explotar perfectamente mi sexualidad, porque cada vez era más complicado estar tranquila, me nacía un deseo sexual casi incontrolable y cometí demasiadas locuras por esos años de preparatoria, locuras que me llevaron poco a poco a volverme UNA PUTA COME HOMBRES. En todos los relatos que ya les compartí, les he contado algunas aventuras con esos hombres, iré poco a poco contando mi historia, es demasiado liberador para mí poder confesarme con ustedes, siempre quise tener esta opción de contar mis aventuras, cada noche que me acostaba a dormir después de llegar a casa con las piernas temblorosas por los orgasmos y con la leche de mis amantes adentro, me sentía muy triste por no tener a alguien a quien contarle.
Y bueno, los invito a este viaje sexoso, déjenme contarles mis secretos, mis perversiones y todas mis locuras, les prometo hacer que se les ponga dura o que sus pantis se mojen con cada historia, solo con la pequeña advertencia de que talvez no les quede de otra que masturbarse al leerme o mejor aún, provocarles un deseo tremendo que sus parejas sean los que paguen, sin más, solo puedo agradecerles y con mucho gusto les comparto el siguiente relato:
—NÉSTOR, EL HERRERO—
A mis 16 años con la sexualidad a flor de piel, hubo una temporada en la que apenas llegaba de la preparatoria y quería salir. Le preguntaba a mi mamá si no necesitaba nada de la tienda o de cualquier lugar con tal de salir usando la ropa muy corta. Me ponía shorts, licras o faldas ajustadas, apenas dar vuelta a la esquina las subía para mostrar más mi piel que anhelaba ser tocada. Claramente me estaba volviendo una puta en todos los sentidos, poco a poco fui memorizando bien a los que me miraban. Uno de ellos era Néstor, un herrero maduro que por alguna razón siempre aparecía en mis fantasías, cogiéndome muy rico. Pasaba seguido por su negocio y siempre me saludaba y me veía con esos ojos morbosos que me erizaban la piel. Creo que ambos nos teníamos las mismas ganas, pero muy rara vez estaba desocupado y solo nos saludábamos con señas.
Pero todo pasa por algo y el destino ha sido muy lindo conmigo, esa tarde de miércoles, llegué de la escuela al medio día. Mi mamá me dijo que mi tio Joel los había invitado el día viernes a una pequeña reunión, se irían por la mañana y llegarían por la noche. Yo no podría acompañarlos por la escuela, pero ese viernes saldría muy temprano, podría salir a putear como de costumbre. Emocionada subí a mi recámara, me bañé súper rápido y me puse una licra verde con manchas negras y una playera. Mi mamá me pidió ir al mercado por unas cosas, le dije que si al instante, sabía que iba a pasar por el negocio de Néstor. Me dio el dinero y salí de la casa, di la vuelta en la esquina y discretamente jalé mi licra para que se me marcara bien todo. Me miré en la ventana de un coche, se me marcaba muy rico la rayita de mi culito y los labios de mi vulva, quería que Néstor me mirara.
Casi llegando a su negocio, mis nervios crecieron, igual que los latidos de mi corazón, al llegar Néstor estaba sentado frente a la calle. Me miró con esos ojos profundos de pies a cabeza, juntando las manos como asombrado, al llegar a su lado se levantó para saludarme.
—¡Hola!, justo estaba pensando en ti, sabía que no tardarías en pasar— dijo mientras me saludaba de mano y sus ojos me miraban.
—Siempre pasas a esta hora, que lindo verte, me llamo Néstor, ¿Cómo te llamas amiguita?— sus manos cálidas frotaban las mias.
—Hola Néstor, me llamo Wendy— le respondí tímida, es un hombre alto, tosco, con su cabello y su barba blancas por las canas.
—Wendy, que hermoso nombre, como me gustaría ser tu Peter Pan— dijo entre risas, yo reí discreta, esa bromita ya me la sabia. Rápidamente Néstor miró mi cuerpo, sin pena alguna me dio una vuelta, yo giré dejándolo verme bien, me encantaba.
—Vaya que preciosa estas, siempre te veo pasar con esta ropa y me pones bien caliente— su descaró me sorprendió.
—Se nota que ya te urge una buena manoseada mínimo, yo puedo ayudarte, claro, si tú quieres— lo miré indecisa.
—No te asustes, solo quiero mirarte, darte una buena manoseada, si me complaces puedo ser muy generoso contigo— me dijo. Obvio me tomó por sorpresa, muy pocos hombres eran así de directos, no supe que responder, me quedé callada.
—Bueno piénsalo y si te animas, puede irte muy bien— saco un fajo de billetes, sinceramente eso no me importaba. El hecho de pensar que él quería usarme, me puso muy caliente en ese momento, quise decirle que sí, pero en eso llegó un hombre. Discretamente me dio su tarjeta y me dijo que lo pensara, si no quería estaba bien, pero que guardara el secreto.
Me fui a comprar lo que mi mamá me pidió y al regresar, de nuevo estaba solo me acerqué para hablar con él.
—Sabe qué, ya lo pensé bien, su propuesta me interesa, pero ¿cuándo sería?— al oír mis palabras sonrió emocionado.
—El viernes tempranito corazón, estaré desocupado, si quieres nos vemos aquí y nos vamos a otro lado— acepté sin pensarlo.
—Bueno, pero, dame una probadita no seas mala, con esa ropita te ves bien rica mamacita— solo asentí con la cabeza. Volteo alrededor, nadie pasaba, tomó mi mano y me metió a un cuarto pequeño donde tenía su herramienta y cerró la puerta.
—A ver mi amor, déjame verte bien— giré lento, moviendo mi culito, el aprovechó para apretar mis pompis y mi cadera. Se acercó despacio, me abrazó y yo me colgué de su cuello, su boca quedo muy cerca de la mía, a centímetros de darnos un beso.
—Me encanta que seas así de complaciente mi amor, que rico la vamos a pasar el viernes— me dio un piquito y después un beso. Su lengua entró a mi boca y se entrelazó con la mía, mientras sus manos apretaban mis nalgas y me pegaba su erección. Yo solo le acerqué mi pelvis y me dejé manosear un poco por ese viejo pervertido, después de unos minutos salimos de ahí. Me despedí de él y regresé a casa bien caliente, pero tranquila, al parecer esa manoseada calmó mis ansias un poco. En el camino recordé la reunión con mi tio Joel, podría irme a coger con Néstor sin preocuparme por algún pretexto. Y como saldría temprano de la preparatoria, me emocione mucho, llegue a la casa con la licra bien mojada por mi humedad. Estaba muy feliz y mis papás notaron esa alegría, me preguntaron qué tenía y les dije que todo iba genial en la escuela.
Al parecer creyeron mi mentira y les pregunté si iban a volver tarde, mi papá me dijo que harían lo posible por volver temprano. Mi tio Joel vive en Naucalpan, estaba segura que mínimo, llegarían a las 10 de la noche por el intenso tráfico. Traté de ocultar mi emoción, el jueves salí de la prepa y pasé por la herrería de Néstor, él estaba ahí sentado en un sillón. Me miró y me hizo señas para que me acercara, nerviosa y sonriente caminé hacia él.
—Wendy que preciosa te ves con el uniforme, ¿lista para mañana?— me dijo sonriente, yo asentí nerviosa.
—Sí, mañana salgo a las 10:20 llegó aquí antes de las 11— le dije, pero su sonrisa se borró, al parecer ya sería tarde.
—¿No puedes más temprano cariño?, es que a las 11 viene un cliente a que le haga un presupuesto— nos miramos en silencio.
—Cielos, no lo sé, podría faltar a una clase y salir antes, pero no estoy muy segura— Seria muy complicado salir antes.
Aunque las clases me las podía saltar, era complicado salir de la escuela sin autorización y ya había pedido permiso días antes.
—Bueno, ni modo, si no otro día, no te preocupes— Me dijo y se dio la vuelta, sentí mucha frustración.
—Espere, no se preocupe, yo veré como le hago, ¿a las 9 am está bien?— Anhelaba coger con él, obvio no me lo iba a perder.
—Sí, a esa hora está bien, entonces aquí nos vemos preciosa— Me dijo sonriente, regresé a casa emocionada. Esa tarde me metí a bañar y cuando frotaba mi cuerpo, me imaginé las manos de Néstor recorrer mi piel. Me puse muy caliente en el momento, con los ojos cerrados fantaseando con él cogiéndome muy rico. Me toqué un poco, pero como siempre, me detuve minutos después, no me gusta masturbarme. Salí del baño, me arreglé y me puse a hacer la tarea pensando en cómo le iba a hacer para salir de la prepa.
Al día siguiente, debajo del uniforme me puse una tanga negra de hilo, una licra negra cortita y unos tenis negros de bota. Mis calcetas largas color negro que parecen medias y debajo de la blusa me puse una ombliguera blanca de tirantes. Quería seducir tanto a Néstor que no le quedara otra que cogerme, obvio no iba a estar conforme con una manoseada. Entrando a la escuela me encontré con el conserje, era cómplice en mis aventuras con los maestros, lo llamé con señas.
—Hola don Ramiro, oiga no sea malito, cree que me pueda dejar salir terminando la segunda clase— le dije sonriente.
—Ay Wendy, no seas cabrona, ¿otra vez?, ¿Ahora con quien te vas a ir?— el viejo mañoso ya me conocía muy bien.
—Ay don Ramiro ¿Cómo cree?, lo que pasa es que se me olvido pedir permiso, tenemos una reunión con un tio— Me miraba sospechando.
—Y pues necesito salir a esa hora— su mirada me hizo tartamudear un poco.
—Si como no, y yo nací ayer, si quieres que te ayudé dime la verdad— viejito cabron, no me quedó de otra.
—Bueno, está bien …me voy a ver con un amigo, vamos a pasarla rico— me miró con esa sonrisa perversa.
—Cabrona… por eso me caes bien, lo que tienes de hermosa lo tienes de puta— yo le sonreí coqueta, esperando su ayuda.
—Ok no te preocupes, te espero en la bodega donde te metes con los maestros— le sonreí y corrí al salón. Apenas llegué a tiempo para tomar la primera clase, cuando estaba por terminar me puse muy ansiosa. Sonó el timbre, guardé mis cosas y salí corriendo del salón, sin decirle nada a nadie, llegué rápido a la bodega. Pero don Ramiro no se veía por ningún lado, pensé que me había engañado, en eso abrió la puerta y me pidió entrar. Confundida lo seguí, entré y cerró la puerta, al ver su mirada supuse que se traía algo entre manos.
—¿Para qué entramos aquí?, ¿Hay una salida que no conozco?— le pregunté muy confundida.
—No corazón, sabes, siempre te metes con los profesores aquí, o te vas con otros— me dijo y se acercó.
—Pero pues a mí ni siquiera me la das a oler, merezco algo por ayudarte, ¿no crees? — me dijo acariciando mi mejilla.
—¿Y cómo que podría ser?— le dije en tono seductor, obviamente él también quería pasarla rico conmigo.
—Pues… compláceme y yo me encargaré de dejarte salir cada que quieras— me abrazó y se pegó mucho a mí. Lo miré sonriente, sentí su erección en mi cuerpo, no es un hombre alto, es más o menos de mi estatura.
—Ok pero no sea malito, ¿puede ser otro día?, se me hará tarde si nos portamos mal— lo abracé y sus manos bajaron.
—Estas bien rica mamacita, que envidia verte entrar aquí con los maestros— apretaba mis pompis con fuerza.
—Jejeje, pero pues lo podemos pasar igual de rico, solo deme chance, lo complaceré otro día— bajé la mano a su verga. Empecé a sobarla sobre su pantalón, se puso serio al sentir mis caricias, subió mi falda y metió las manos bajo mi licra.
—Que piel tan suavecita tienes mi reina, uy que rica tanguita traes puesta, ¿vas a ir a coger?— me jalaba la tanga muy rico.
—Ouch, despacito, mmmm que rico se siente, sí, me voy a ver con un amigo— le encantaba escucharme gemir.
—¿Y cuándo me vas a complacer a mí?, ya no puedo esperar, quiero cogerte— puso su mano sobre mi vulva. Ambos nos frotábamos sobre la ropa, sentí esas cosquillas deliciosas en mi vagina antes de que la humedad saliera.
—Pues si quiere nos podemos divertir el lunes o en la semana, cuando se pueda— le dije entre gemidos.
—No, no quiero esperar tanto, ven el domingo, a medio día, te voy a coger bien rico mamacita— asentí poseída por el placer.
—Ok entonces te espero el domingo, vente así bien puta como siempre— Apretó un poco más mis pompis. Yo ya quería sacársela para probarla, pero mire mi reloj y ya casi eran las 9, le pedí que me sacara.
—Está bien, ya me complaciste un poquito, veras que el domingo la pasamos bien rico— me dio un beso. Salimos de la bodega y caminamos tras los salones ocultándonos hasta los contenedores de basura.Al llegar abrió la puerta y antes de salir me dio un beso de piquito y tocó mis pompis nuevamente. Salí y rápido pedí un Uber, corrí a la avenida a esperarlo, tardó unos minutos y le pedí que se apurará. Tal vez pensó que era una emergencia porque aceleró a tope, llegué a la herrería 10 minutos después de las 9 am. Obvio me bajé unas calles antes, pero desde la otra esquina vi a Néstor ahí parado esperándome.
Afortunadamente iba a pasar un buen rato con él, porque don Ramiro me dejó bien caliente. Apenas llegué, Néstor me miró de pies a cabeza, estaba feliz por verme llegar, su cara me puso nerviosa.
—Hola muñequita, pensé que te habías arrepentido, ven, vamos a pasarla bien rico— me dijo y entramos a su negocio. Tenía las cortinas abajo, entramos por la pequeña puerta de en medio, al cerrar la puerta supe que me iba a coger ahí. Me daba igual, solo quería que me usara, las ganas por sentir la verga de ese hombre me pusieron bien caliente. Puse la mochila en el piso y sin que me lo pidiera empecé a quitarme el uniforme, él se sentó en su sillón. Me quité el saquito y mi blusa, después la falda y subí mis calcetas a medio muslo, él me miraba maravillado.
—Que rica te ves mamacita, eres toda una puta, ven siéntate aquí— me dijo señalándome su pierna.
Yo ya temblaba por la lujuria que sentía correr por mi cuerpo, me acerqué seductora y me senté sobre su pierna.
—Me encanta este atuendo que elegiste, nunca te había visto así, te ves riquísima— empezó a sobar mis piernas. Yo lo abracé buscando su boca con la mía, nos besamos con pasión, sentí como los jugos salían por mi vulva. Mi tanga ya estaba bien mojada, él se alejó y respiró al frente, como olfateando algo, me miró emocionado.
—Que rico hueles mi amor, ya no hueles a niña, ya hueles a hembra— volvió a besarme intensamente. Sus manos empezaron a recorrerme, entraron bajo mi playerita, me saco un leve gemido al apretar mis tetas. Después apretó mis piernas y subio hasta empezar a sobar mi vulva húmeda y hambrienta sobre la ropa. Nos separamos para que oliera sus dedos, los frotaba al sentir la humedad sobre mi ropa, yo lo miraba deseosa.
—Pequeña traviesa, ¿ya te mueres por sentir mi verga verdad?— antes de responder, me tomó de la cintura. Me acomodó sobre su bulto y empecé a mover mi culito, él sobaba mis tetas y mi vulva, sus dedos me hacían gemir.
—Párate mi amor, déjame verte— aunque no quería, me levanté, le hice poses para que me viera bien. Bajé la licra poco a poco enseñándole mi tanga de hilo, sus ojos se pelaron mucho, parecía que se le querían salir.
—Uy cariño, no pensé que te gustara usar esa ropita— mi licra cayo a mis tobillos, me empiné y abrí mis pompis. Entre su cara y mis cavidades solo estaba ese delgado hilo negro, él como que se resistía a probarlos.
—No seas mala, mira que, si me los das, no voy a parar hasta correrme— lo miré como dándole mi aprobación.
—¿Y qué esperas?, acaso crees que me voy a conformar con una manoseada— le dije mientras bajaba mi tanga.
—Si estoy aquí es para que me cojas bien duro, si no, pues mejor me voy— lo miré muy seria.
—No, como crees que te vas a ir, quieres verga, bueno, ven conmigo— se levantó y me tomó de la mano. Entramos a ese cuarto de herramientas, entre pasos me saqué la licra y la tanga, él se desabrocho el pantalón.
—Pinche escuincla, te encanta andar puteando en la calle— me dijo muy serio, casi molesto.
—Ahorita te voy a complacer, para que entiendas que, si buscas verga, eso tendrás— bajó su pantalón. Se quitó la camisa y bajó su bóxer, una verga de buen tamaño brinco, llena de pelos blancos. Me tomo de la mano y del cuello, me jaló con fuerza poniéndome de rodillas frente a él.
—Órale zorra, a mamar verga y más te vale que me la chupes bien— tomo su tronco y me lo metio en la boca.
Casi a la fuerza me la metió yo empecé a chupársela y el me sujeto de la nuca y del cabello, moviéndose rápido.
—Así perrita, así, que rico la chupas, aaaah, cabronaaa, quien te viera con esa carita— me decia con esa voz intensa.
—Cada que te veía pasar moviendo el culo, te imaginaba así, de rodillas comiéndote mi verga— yo lo dejé usarme.
—Sabía que eres una puta, se te nota de lejos que te gusta que te vean y ponérsela dura a cualquiera— estaba en la gloria. Empecé a toser y a ahogarme con mi saliba y con su glande que me entraba hasta la garganta, él me la apretaba. Envolvió mi cabello en su mano, yo baje mis manos y respiraba por la nariz para controlar mis arcadas. Veía su pelvis llena de pelos acercarse a mi cara, con cada embestida me la metia un poco más profundo. Hasta que me la metio completa, se quedó así unos segundos, yo traté de resistir, pero empecé a toser.
—Aguanta puta, ay que rico se siente, me la aprietas bien rico con tu garganta— me decia, pero yo sentía que me ahogaba.
—No te muevas cabrona, resiste, así se debe de tratar a las putas— apretaba mi cuello y me dio un par de bofetadas leves. Sentí la humedad de mi vulva caer sobre mis piernas, ya me tenía bien mojada, pero no quería sacármela. Las lágrimas salieron de mis ojos, me miró y tal vez se compadeció de mí, me la saco de golpe. La saliba cubría toda su verga, yo respiraba sofocada, tomó mi mentón y levantó mi cara apretándome.
—Así es como se debe coger a una puta, entiéndelo bien, y apenas vamos empezando— me escupió en la boca. Después tomo mi saliba con la mano y me la embarró por toda la cara, me hizo reír por los nervios.
—¿Ah te gusta que te trate así perrita?, si quieres, puedo ser más brusco— tomó su cinturón, obvio lo detuve.
—No, no, así está bien, no me maltrates por favor— le dije tomando sus manos, un poco asustada.
—Jajaja ok mi amor, no necesitamos esto, ándale perra, abre la boca, pídeme verga— me dijo jalando mi cabello.
—Dame tu verga papacito, cógeme como hace rato, úsame como la puta que soy— le dije, abrí la boca y saqué la lengua. Rápido me volvió a meter su verga casi hasta adentro, me la sacaba y me la metia, esos ruidos lo motivaban.
—Chúpamela preciosa, quiero verte en acción— me dijo mirando su reloj, yo obediente tome su verga con las manos. Me preparé y empecé a moverme, jugaba con mi lengua sobre su tronco y sobre su cabecita rosada. Él me miraba gozando de mis habilidades, lo estaba haciendo genial, rápido empezó a gemir.
—Así mi amor, así, que rico me la chupas, eres tremenda mi reina— sus palabras me motivaban.
Me sentí la mejor de las putas, él veía constantemente su reloj, me dejó chupársela unos minutos más.
—Espera pequeña, ya es hora de cogerte, no tenemos mucho tiempo y quiero metértela duro— me ayudó a levantarme. Estaba un poco adolorida de las rodillas, me besó con pasión mientras le frotaba la verga y él apretaba mis nalgas. Después me giró y me recargó sobre una mesa que tenía una alfombra y unas herramientas, paré el culito y abrí las piernas. Se acomodó detrás de mí, yo ya estaba bien mojada, lista para ser poseída por ese viejo caliente.
—Pinche escuincla, ni falta te hace un lubricante, te amo cabrona— me dijo y sentí como su glande me penetró. Poco a poco me la metio, yo cerré los ojos y apreté los labios, al sentir cada milímetro de su verga entrar en mí. Me la metio completa, con su mano arqueó bien mi espalda, después me tomó del cuello y del cabello.
Empezó a cogerme, dándome fuertes embestidas que la mesa se movía y las herramientas vibraban. Yo empecé a gemir, pero me tapaba la boca y continuaba dándome duro, sentí como se abría paso en mi vagina estrecha.
—Así putita, que rico me la aprietas, es como tener un guante en la verga, muévete más rico puta— yo trataba de complacerlo. Pero al estar en esa posicion con la espalda arqueada y las piernas abiertas era complicado moverme.
—Ándale cabrona, mueve este culo delicioso, no seas floja— empezó a nalguearme fuerte, yo me acomodé. Empecé a moverme, se detuvo para sentir como le tallaba las nalgas sobre su pelvis, con su verga hasta adentro.
—Ándale así mi amor, ves como si puedes, aplícate mamita, debes aprender a coger bien— yo seguía moviéndome. Después de unos minutos y esas penetraciones intensas, sentí esos choques eléctricos que me llegan antes del orgasmo.
—Así papacito, así, cógeme fuerte, dame con todo, aaaah, que rico me la metes— le decia entre gemidos. Aceleró y el orgasmo fue intenso, tuve que recargarme en mis codos por los espasmos, pese a los jalones de cabello. Él continúo cogiéndome, pero me soltó, recargue el pecho sobre la mesa y levanto mi pierna sujetándola con su mano.
—Apúrale mamacita que se nos termina el tiempo, quiero que te subas en mi— me dijo y se detuvo. Respiré unos segundos, él aprovechó para chuparme la vulva y lamerme toda, sentí su lengua hasta mi ano.Apenas me recuperé, me tomó de la mano y salimos al taller, se sentó en su sillón y yo me subí sobre él. Abrí las piernas y me acomodé, me la metio de una y se pegó a mis tetas, empecé moverme lento. Mientras me recorría con sus manos y su boca, poco a poco aceleramos, subí los pies al sillón para estar más cómoda.
Aceleré y le di unos buenos sentones, nuestra piel chocaba, el clap clap clap se oía muy fuerte, casi como nuestros gemidos.
—Shh, no hagas tanto ruido mi amor que nos van a escuchar— me dijo tratando de calmarme, pero a mí me valió.
—AY QUE RICO ME COGES NÉSTOR, ASI PAPACITO, ASI, COGEME MAS FUERTE— grité sin pudor. Estábamos al lado de la cortina, obvio nos iban a escuchar, él me miró y empezó a reírse, yo continué gimiendo.
—Eres una cabrona, pero me encantas por lo puta que eres, voy a cogerte mucho mi amor— mis sentones casi lo hacían acabar.
—Ya me voy a venir mi amor, bájate, quiero correrme en tu pecho, ¡BAJATE!— como pude me bajé.
—No, vente en mi boca, dame tu leche, córrete en la boca de tu puta— le dije y tomé su verga para masturbarlo. Se la chupé hasta que se vino a chorros en mi boca, le salió mucha leche deliciosa, toda en mi boca.
—Aaaaaaah que rico, así putita, así comete mi leche, sácamela todaaaaaa— no me despegue hasta que termino de correrse. Saboreé ese néctar amargo que le salió y me la comí mientras me veía sorprendido, sonrojada le sonreí después de tragarla.
—Mi amor, te amo, eres la más puta de todas, pocas cogen como tú, mira como me dejaste— sus manos le temblaban.
—Tengo 57 años y ya tiene mucho que no me cogía a una puta como tú, te has ganado el paraíso— me dijo y fue por su ropa. Regreso buscando algo de su pantalón, yo me senté en su sillón, sacó su cartera y se acercó a mi sacando unos billetes.
—Esto es para ti perrita, te ganaste cada peso— empezó a pegar en mi cuerpo billetes de 500, yo me reía nerviosa. Los pegó en mis piernas, en mi vientre, en mis tetas y dos en mi cara, me dio 4 mil pesos por ese encuentro.
—Y puedes ganar más conmigo, esto solo fue un rapidin, anda ve a vestirte— me levanté y busqué mi ropa.
Mi uniforme estaba en la mochila, me puse todo menos la tanga, antes de salir nos abrazamos y empezamos a besarnos. La habíamos pasado bien rico esos momentos, obviamente me tenía que coger más y no solo por el dinero.
—Mira, esto es para ti, guárdala bien, tiene mi aroma— le regalé la tanga que había quedado bien mojada.
—Gracias preciosa, hay que vernos más tarde, tengo que cogerte de nuevo— tomó la tanga y la olió.
—¿A qué hora es mas tarde?, dime y vengo cuando me digas— le dije deseosa, obvio quería coger más con él.
—Yo te aviso chaparrita, espero desocuparme como a las 6, estate al pendiente— me dio un beso y salió. Se aseguró que nadie pasaba y me hizo señas para salir, se quedó parado frente a la avenida yo me alejé lento.
—Al rato te aviso a qué hora te veo perrita, estate al pendiente— me fui a la casa, feliz, sonriendo como tonta.
Las piernas se me doblaban por todo el esfuerzo que hice con Néstor, me había cogido justo como lo soñé. Y eso que según el apenas fue un rapidin, llegué a la casa, aún con el sabor de su verga y de su leche en mi boca. Subí a mi recámara, me quité la ropa, solo me dejé los tenis y las calcetas, mirando en el espejo a la puta que era. Hice varias poses, pensando en que era la más perra de todas, por primera vez me dejé llevar por la vanidad. Me quité todo y mis rodillas estaban rojas por todo el tiempo que pasé de rodillas chupando esa verga deliciosa. Me metí a bañar, ahora mis fantasías eran diferentes, recordando la cara de Néstor, sus gemidos y sus gestos. Salí y me puse unas pantis de algodón y un poco de pomada porque mi vulva quedo adolorida y un poco rojita. Me puse un pants y una playerota, bajé a la cocina y me preparé algo de comer y me puse a ver la tv.
—ERICK, EL TENDERO—
Cerca de las 5 pm, le mandé mensaje a mi mamá para saber a qué hora regresaban, pero no me contestó. Le marqué a mi papá y tampoco me contestó, volví a intentar y ninguno me respondió, iba a ir a comprar algo para cenar. Salí de casa bien tapada con una chamarra, pensando que hacía frio, pero apenas caminar unas calles me acaloré y me la quité. Se me antojó una hamburguesa o unos tacos, cerca de la casa se ponían algunos puestos ambulantes de comida. Compré unos tacos y pasé a la tienda por un refresco y unas frituras, el tendero me veía mientras me decidía por mi botana.
—Entonces, ¿Cuándo vamos a ir a dar una vuelta?— me dijo cuándo le pagué las cosas, acepté su invitación sin pensarlo mucho. Ya me había invitado a salir otras veces, pero siempre le inventé cualquier cosa para posponerlo, no me sentía lista para aceptar. Supongo que coger con Néstor me aclaró la mente y bueno, él aprovecho su oportunidad, enseguida me pidió mi numero para asegurar.
Quedamos de salir la siguiente semana, le dije que me confirmara días antes, para pedir permiso y poder ir a divertirnos.
—No pues sí por mí fuera, salíamos ahorita, sin problemas cierro la tienda y nos vamos a divertir preciosa— me dijo, yo solo sonreí. Su propuesta despertó mi calentura, pero como me iba a ver con Néstor, le dije que mejor entre semana. Así quedamos, Erick me pasó su número y regresé a casa, prendí la TV mientras esperaba alguna noticia del herrero. Pasaron un par de horas, pero Néstor no me decia nada y mis papás tampoco, solo tenía muchos mensajes de Erick. Chateamos un poco, él agarró confianza enseguida, empezó a mandarme fotos, yo tardaba en responderle para no ceder a mi calentura. Esperando alguna noticia de Néstor, le marqué, pero no me contestó, al colgar ya tenía muchos mensajes Erick sin leer. Lo pensé un poco, sí Néstor no me llamaba, bien podría ir a divertirme con Erick, en medio de mi desidia, el herrero me llamó.
—No voy a poder verte, tuve que venirme a casa, después nos vemos— me dijo y me colgó, sin decir más. En ese momento lo decidí, apenas iban a ser las 7, podría ir a divertirme con Erick en lo que llegaban mis papás.
—Oye, ¿qué crees?, sí tengo chance de salir contigo ahorita, pero solo podría verte un par de horas— le mandé mensaje.
—De verdad preciosa, no te preocupes, dos horas son más que suficiente para pasarla rico— me contestó y mis ansias volvieron.
—Pero ponte un short o una minifalda, de esas que siempre usas, te ves riquísima— claro que iba a ponerme algo así.
—Bueno, me pongo lo que te gusta, pero solo si me prometes que la vamos a pasar genial— cedí a mis deseos.
—Mi reina, por eso ni te preocupes, si quieres llegar desnuda o ponerte lo que quieras, yo me encargo del resto— me contestó.
—Ok, entonces te veo en unos 10 minutos— le dije y subí a prepararme, no me iba a quedar con las ganas de coger esa tarde.
Me puse una minifalda entallada, una blusa de botones, debajo una tanga de encaje color rosita y un brasier del mismo color. Me puse unas calcetas negras similares a las de la escuela, unas zapatillas de tacón mediano y tomé una chamarra. En mi bolso de mano guardé mi cartera y mi celular, mi cabello suelto y un poco de perfume, antes de salir mi mamá llamo.
—Hola hija ¿cómo estás?, ¿ya cenaste?, nosotros seguimos en casa de tu tio Joel, no te preocupes— me alegre que aún no salían.
—Si mami no te preocupes, ya cené y estoy en casa, ¿a qué hora se van a regresar? — le dije, pero en el fondo se oía música.
—No lo sé corazón, los señores están pasándola bien, y ya le dijeron a tu papá que nos quedemos— era perfecto.
—De todos modos, te aviso si nos vamos o nos quedamos, besos mi niña— me tranquilicé al saber que tenía más tiempo. Salí de casa y al ir caminando mi calentura y mis ansias crecieron, iba rogando para que Erick me cogiera bien rico.
Los hombres me miraban y me decían cosas, yo sonrojada apenas les sonreía, me encantaba escuchar piropos y guarradas. Al llegar a su tienda, había mucha gente adentro, Erick me hizo señas para que esperara y continuó atendiendo a la gente. Al terminar me abrió la puerta de su mostrador y pasé, me saludo muy sonriente con un beso en la mejilla y un buen abrazo.
—Mi amor, que linda te ves, me encantas— me dijo mientras me giraba para verme completa, obvio le modelé un poco. Charlamos un poquito, pero nuestras ganas eran muchas, nos abrazamos y empezó a besarme y a tocarme.
—Amor, nada más cierro y nos vamos a un hotel, quiero cogerte un buen rato— me dijo con esos ojos llenos de lujuria. Sus manos subieron mi falda y apretaban muy rico mis pompis y mis piernas, yo lo abracé por el cuello. Fui bajando mis manos poco a poco hasta llegar a su entrepierna, apenas se sentía un bulto pequeño con todo y huevos.
A ver, no es que estuviera deseosa de una verga enorme, pero se me hacía raro no sentir su erección como con otros.
—Ay chaparrita, ¿ya tienes muchas ganas de coger verdad?— yo asentí y continué sobando su entrepierna. Desabroché su pantalón aprovechando que nadie venía, metí mi mano bajo su ropa y sentí esa verga diminuta.
—Ten cuidado porque sí despiertas a la fiera, te la vas a tener que comer toda— dijo muy seguro de sí mismo. Yo lo tomé como un reto, empecé a masturbarlo mientras bajaba su ropa, tenía demasiado vello, en todo el cuerpo. Pero su vello púbico estaba bien recortado y como me advirtió, empezó a crecer ese trozo de carne como si lo inflaran. Yo estaba muy sorprendida por el tamaño, lo tomé con ambas manos y todavía salía su cabeza morada. Enseguida me puse de rodillas y continúe masturbándolo, él me miraba mientras yo jugaba con su verga, en eso alguien llegó.
El mostrador tenia puertas y me ocultaba muy bien, que rico verlo despachar mientras yo jugaba con su verga caliente y dura. Apenas se desocupó empecé a chupársela, ya no podía resistir más, estaba deliciosa, gruesa, venosa, caliente y un poco amarga. Pero conforme la chupé, ese sabor como a sudor se fue quitando, yo me aferré a esa verga, me la metia casi completa. En medio de eso, otras personas entraron, tuve que hacerlo despacio para que los atendiera, aunque le costó mucho. Su voz se cortaba, estaba sudoroso, bajaba la cabeza como si algo le doliera y yo estuve a nada de reír, pero me contuve.
—Ay Erick, ¿estás bien?, te ves enfermo, deberías ir al doctor— dijo una mujer, él apenas le pudo contestar.
—Creo que tengo temperatura, me siento muy caliente, pero ya casi cierro— la señora le dijo que no se esperara. Aproveché para abrir un yogurt de fresa, así él pudo terminar de despachar, su mirada me hacia reír.
Comí mi yogurt hasta que se desocupó, volvió a acomodarse y puse yogurt sobre su verga y continúe chupándola. Metia su verga al botecito y comía el yogurt como si fuera una cuchara, él gemía, apretaba los ojos y vigilaba por si alguien entraba. Después de varios minutos no resistió más, se acomodó la ropa y salió para bajar la cortina de la tienda, ya le urgía cogerme. Cuando salió del mostrador, empecé a desnudarme, me quité todo menos las calcetas, cuando bajó la cortina yo salí al pasillo. Lo esperé desnuda y al verme corrió para abrazarme y besarme mientras se quitaba la ropa, íbamos a coger ahí mismo. Se acostó sobre su ropa y yo lo monté, me metí su verga hasta el fondo, poco a poco en mi vagina que estaba hambrienta. Que rica sensación tenerla hasta adentro, me quede quieta unos segundos gozando ese trozo de carne mientras frotaba mis tetas. Después de respirar varias veces empecé a moverme, sentía como se tallaba esa verga dura dentro de mí, empecé a gemir muy fuerte.
—Así chaparrita, así, cómetela toda, estas bien apretadita, no sabes cuantas veces quise cogerte— sus palabras me motivaron. Aceleré mis movimientos, dándole unos sentones muy intensos, nuestros gemidos eran fuertes, mis jugos escurrían sobre él. Me acomodé sobre mis pies, como si hiciera sentadillas, de esa manera sentí más intensa la penetración y me corrí en minutos. Él me tuvo que sostener porque mi orgasmo fue muy intenso, quería gritar, pero los espasmos ahogaron cualquier intento. Me dejé caer sobre de él, esperó a que me recuperara y nos giró sin sacármela, me acomodó sobre su ropa y él sobre de mí. Empezó a cogerme fuerte, levantó mis piernas y las puso sobre sus hombros, se recargó en ellas y sus manos muy cerca de mi cara. Me penetraba con fuerza, cada empujón ahogaba mis gemidos, yo estaba sollozante, me sentía agotada, pero quería más. Obviamente él no iba a parar tan pronto, yo era el objeto de su deseo, iba a gozar de mi cuerpo todo el tiempo que pudiera.
Siguió bombeándome hasta que me sacó otro orgasmo más, pero esta vez no se detuvo, yo sentí que me iba a desmayar. Al terminar de correrme me besó con mucha pasión.
—Date la vuelta mi reina, quiero cogerte bien empinadita— me dijo al oído. Obviamente iba a complacerlo, pero apenas me podía mover, se enderezó y me la sacó con cuidado, yo me quede así unos segundos. Le encantaba tenerme así, desnuda, abierta de piernas y bien satisfecha por su verga deliciosa, me ayudó a darme la vuelta. Cuando me empiné, no dudo en comerse mi culito, al tenerlo expuesto y a su alcancé, lamía mi ano y mis pompis con pasión. Empecé a gemir, con su lengua me tenía bien atendida, después de satisfacer su apetito con mi culito, empezó a penetrarme. De nuevo su verga abrió mi vagina, se movía lento, pero empezó a acelerar al oírme gemir, obvio empecé a gritar y a pedirle más. Sujetando mi cadera me dio con todo y nuevamente me corrí, él no soportó más y se vino, apenas le dio tiempo de sacármela.
Sentí su leche caliente caer sobre mi espalda y mis pompis, con su mano la esparció por mi culito y mi vulva hinchada. Se levantó y fue por unos pañuelos, yo me levanté como pude y al llegar me limpió con cuidado, nos mirábamos complacidos. Descansé un poquito y fui por mi ropa, ya era tarde y tenía que volver a casa, él también estaba a punto de retirarse.
—Ven a mi casa corazón, te voy a preparar algo muy rico para cenar— Me dijo mientras me abrazaba y me besaba.
—Dormimos juntos y por la mañana cogemos otra vez— su oferta me gustó, lo pensé un poco y acepté ir con él.
—Está bien corazón, pero, déjame ir corriendo a mi casa por ropa— me dijo que sí, aun debía hacer su corte. Me vestí y regresé a mi casa, a medio camino iba rogándole al cielo para que mis papás no se regresaran esa noche.Al llegar le llamé a mis papás, me dijeron que estaban bien, se escuchaba música y un buen ambiente al fondo. Mi papi estaba algo tomado, me dijo que regresarían a casa al día siguiente por la tarde, agradecí al cielo por el favor.
Le di las buenas noches y hablé un poco con mi mami, me dijo que cerrará bien la casa y que no me preocupara. Mientras tomé algo de ropa, una toalla y algunas cosas de uso personal, guardé todo en una mochila y me despedí. Me puse un pants, una playera y una sudadera, tomé mi mochila y regresé muy feliz con mi amante. Al llegar con él, estaba terminando de hacer el corte, tardó una media hora en cerrar y pedimos un Uber a su casa. Vivía solo, era un hombre de 36 años, estaba soltero y vivía en una vecindad a unos 15 minutos de la unidad donde estaba la tienda. Al llegar a su casita, se notaba que era muy organizado, tenía todo limpio, nos fuimos a su pequeña cocina. Como prometió, empezó a preparar algo de comer, un poco de espagueti con salchichas, yo traté de ayudarle, pero no me dejó.
—Tranquila mi amor, eres mi invitada, toma asiento y no te preocupes— me sirvió un poco de jugo de naranja y charlamos un poco.
Me contó un poco de él mientras terminaba de hacer la cena, era de Veracruz, alto morenito, con su pelo cortito. Puso la mesa y cenamos muy a gusto, platicamos un poco de todo, después de un ratito, nos metimos a bañar para dormir frescos. Sin temor a equivocarme, creo que fue con el primero que me bañé y el primero con el que iba a pasar la noche. Bajo la regadera nos besamos unos minutos, obvio nos bañamos entre los dos, ambos nos enjabonamos y nos enjuagamos. Me ayudo a secarme y yo a él, me puse un short chiquito y una playerita para dormir, él solo se puso un bóxer de licra. Aun me costaba un poco de trabajo comprender como esa verga chiquita y chistosa, se transformaba en ese trozo de carne delicioso. Nos metimos bajo las cobijas y nos abrazamos, me sentía demasiado plena estar así con él, no hablo de amor ni de romance. Sabía que al despertar me volvería a coger y eso me ponía muy feliz, con la luz apagada, sobre su pecho me quedé dormida.
Desperté por la mañana pensando que ya era muy tarde, tomé mi telefono y apenas iban a ser las 7 am, me levanté al baño. Al regresar él seguía dormido, me acosté a su lado, le di besitos para despertarlo, para mi sorpresa su verga estaba dura. Obviamente empecé a manosearlo, metí mi mano para masturbarlo mientras acariciaba su pecho, él apenas se movía. Yo me calenté en segundos, me metí bajo las cobijas y saqué su verga para chupársela, pensando que así se despertaría. Lamí todo ese tronco delicioso, metí su glande en mi boca y con la lengua jugaba alrededor de esa cabeza hinchada. Él gemía, yo continuaba tragándome esa verga deliciosa, quité las cobijas porque empecé a sofocarme, él seguía bien dormido. Me quité la ropa, ya estaba bien mojadita, lista para clavarme su verga hasta adentro de mi vulva, pero se la chupé unos minutos más. Afortunadamente se despertó, maravillado con la sorpresa de verme comiéndome su verga, tapó su cara con las manos.
—Buenos días princesa, apenas me está cayendo el 20 de que estas aquí— Le di besitos por todo el tronco sonriente. Tomó mis manos y me jaló hacia él, empezamos a besarnos, sus manos me recorrían, me acomodé abriendo las piernas. Tomé su verga y me la metí de a poquito, suspirando, gozando cada milímetro de esa verga deliciosa, gimiendo entre besos. Empecé a moverme lento, suave, sintiendo como mi útero saboreaba ese trozo de carne con los ojos cerrados por el placer. Sus manos sobre mis tetas, sentí sus dedos entrar a mi boca, empecé a chuparlos con el vaivén de mis caderas y su cuerpo. Aceleramos el ritmo y mis gemidos se intensificaron, él me miraba concentrado, se estiraba para apretar mis pompis. Me daba leves nalgadas mientras continuábamos cogiendo, después se pegó a mis tetas, las chupaba y mordía mis pezones. Yo aceleré porque estaba a nada de tener un rico orgasmo, empecé a gemir y me dejé llevar por los espasmos deliciosos.
Él me sujetaba complacido, le encantaba tenerme así, me dejé caer sobre su pecho, nos besamos unos segundos. Me dijo que me acomodara a su lado, de espaldas a él, quería cogerme de cucharita y sentir mi culo tallarse en su pelvis. Así lo hice, con sus manos abrió mis pompis y me metio de golpe su verga, sujetando mi cadera me penetró con furia.
—Chiquita, si pudiera te cogía todo el día, pero debo ir a trabajar— se pegó a mí, me abrazó y apretó mi cuello con cuidado. Su respiración se agitó, estaba a punto de correrse, no lo detuve, sentí su descarga dentro de mí, acompañada por sus gemidos. No se detuvo hasta vaciarse por completo, nos quedamos así unos minutos, me encantaba sentirlo a mi lado, abrazándome. Nos levantamos unos minutos después, entramos a bañaros y nos preparamos para regresar, pidió un Uber y salimos de su casa. Le pidió al chofer detenerse a unas calles de mi casa, le di un beso y me despedí, al bajar le marqué a mis papás, pero no contestaron.
—RAMIRO, EL CONSERJE—
Eran casi las 11 de la mañana, llegué a casa y no estaban, subí a mi recámara, junté la ropa sucia para lavarla y mi celular sonó. Eran mis papás, me dijeron que apenas se iban despertando, al parecer la fiesta se extendió y terminaron muy de madrugada. Subí al cuarto de lavado, con toda la ropa de las batallas manchadas por mis jugos, la leche de Néstor y la lechita de Eric, me sentí plena. Como si fuera otra persona, ya no me sentí una niña torpe e inexperta, sabía que había despertado a esta puta come hombres. Eric me mandó mensajes, proponía volver a vernos, obvio quería más de ese hombre delicioso, pero debíamos esperar unos días. Mis papás llegaron por la tarde, justo a la hora de la comida, yo estaba muy feliz, platicamos un buen rato. En eso estaba cuando mi celular sonó, el conserje me mandó un mensaje para confirmar nuestra cita del domingo. Recordé mi promesa, le contesté que ahí estaría, me dijo que llegara a la misma puerta donde me dejó salir.
—Mi reina, ponte esa faldita entallada que usas en la escuela y tus calcetotas por favor— me dijo don Ramiro para nuestra cita.
—También ponte una tanguita como la que traías y tus botines, te ves mejor así que con tenis— Obvio lo iba a complacer. Sabía bien que, si lo consentía, podría escaparme de la escuela cuando quisiera y sin preocuparme por inventar pretextos. Como el domingo al lado de la prepa se pone un tianguis enorme, le dije a mi mamá que iría con Melanie y con las chicas. Siempre nos tardamos, el tiempo no era problema, pero claramente no podía salir de la casa con esa ropa así nada más. Me puse unos jeans, una playera holgada y unos tenis, como hacía calor me puse una gorra y me hice una coleta. En una mochila guardé los botines, la falda y una blusa blanca, debajo de la ropa me puse una tanga azul marino de hilo y las calcetas. También una ombliguera de tirantes, salí de la casa 10 minutos antes de las 12, pedí un Uber y llegué puntual a la cita.
Me bajé en la esquina de la preparatoria y le mandé un mensaje avisándole que ya había llegado iba un poco nerviosa. Llegué a la puerta, apenas iba a tocar cuando abrió, me miró emocionado, entré súper rápido por la gente que pasaba al tianguis. Apenas cerrar la puerta me abrazo, estaba bien bañadito, se arregló para mí, bien peinado y con una colonia de señor.
—Oye mamacita, que linda te ves, pero ¿Por qué no te pusiste lo que te pedí? — me dijo mirándome un poco triste.
—Es que no podía salir así de la casa corazón, pero no te preocupes, aquí traigo todo— baje mi pantalón enseñándole la tanga.
—A bueno, por ahí hubieras empezado mi reina, mira nada más que rica te ves— me abrazo y empezó a manosearme. Yo lo dejé tocarme, también lo abracé y sentí sus besos por mi cuello, recorriéndome lento hasta llegar a mi boca. Me besó un poco torpe, me pegaba su boca y se movía de lado, yo me reí un poco, se separó y me miró muy serio.
—No te rías de mis besos, eres la segunda mujer que besó después de mi esposa— me dijo tomando mis manos.
—No es por eso, solo que es la primera vez que me besan así, pero no te preocupes, yo te enseño— le dije sonriente. Volvió a abrazarme, al ser un poquito más alto que yo, podía besarlo sin problemas, le enseñé como besar a una puta. Rápidamente aprendió, nuestras lenguas jugaban entre sí, pude sentir en mi estómago como ya la tenía bien dura.
—Déjame ir al baño para cambiarme, para ponerme lo que querías— me tomó de la mano y me llevo al salón de maestros.
—Cámbiate aquí mi amor, no quiero que pises ese suelo sucio— entré y había puesto un tapetito y en el lavabo dejó una rosa. La tomé y la olí, me quité la ropa, me puse la falda, la blusa y los botines, acomodé mis calcetas así como le gustaba. Al salir del baño él estaba recargado en el barandal esperándome, me paré en la puerta del salón con la rosa en las manos.
—Mi reina, mírate, estas bien rica mi amor— se acercó, tomó mis manos y las besó mientras me miraba.
—¿Y a donde nos vamos a divertir?, ¿vamos a ir a la bodega? — le pregunté con las ganas que ya traía.
—Jaja no mi amor, ven conmigo te tengo una sorpresa— me tomó de la mano y caminamos el salón de prefectos.
—Desde ayer preparé esto para ti— abrió la puerta y tenía una cama que había hecho con los divanes de los prefectos. Los cubrió con muchas mantas y sobre un escritorio tenía varios platos, una cesta y una botella de whisky.
—Acaso pensaste que no te iba a consentir mi amor, no chaparrita, la vamos a pasar bien rico— me abrazo y me dio un beso. Sirvió dos copas de Whisky, en esos años yo no bebía, pero no lo rechacé, brindamos y comenzamos a besarnos. Sus manos me recorrían, se sentó en la cama y me pidió bailarle, empecé a moverme seductora al ritmo de la música.
No sé si fue el Whisky, pero sentí un calor muy rico invadir mi cuerpo, empecé a desnudarme, las prendas caían al piso. Primero la blusa, después la falda, al ritmo de leo dan, creo que nunca había hecho nada con él de fondo. Don Ramiro me miraba atento, levanto mi blusa y la olió, cerrando los ojos, yo continuaba bailándole muy sensual. Me senté sobre él tallando mi culo sobre su pelvis, tomé sus manos y las puse sobre mis tetas, me las apretaba súper rico. Solito las bajó a mi entrepierna, sintiendo el calor de mi humedad, mis manos alborotaban mi cabello. Me sentía tan caliente y deseosa sobre ese hombre viejo, termino Esa Pared y empezó Te he prometido. Me levanté y me empiné con las piernas abiertas, bajando mi tanga despacio, él me miraba mientras chupaba sus dedos. Mi tanga cayó al piso y saqué los pies, me giré y levanté poco a poco mi ombliguera hasta quedar solo con las calcetas.
Serví otras copas mientras él empezaba a desnudarse, me acerqué, le di la copa y bebimos, yo me sentía mareada. Él ya estaba en trusa, su verga sobre salía en la tela como tienda de campaña, lo empujé sobre la camita y me monté sobre él. Nos besamos con deseo, sus manos apretaron mis nalgas con fuerza, después sentí sus dedos hurgar en mi vulva empapada. Mi respiración se aceleró, mis gemidos lo pusieron a tope, como pudo bajo su trusa y sentí el calor de su verga en mi pelvis. La tomé con una mano y empecé a masturbarlo, él gemía mordía mis labios, bajé por su cuerpo besando cada zona. Hasta llegar a su verga, que no era muy grande, pero la tenía mejor que el director, le di besitos y laminitas por todos lados. Pegue mi cara a sus pelos canosos, chupe sus huevos y él miraba el techo y hacía muecas por mi lengua traviesa. No me decía nada, pero sus ojos me pedían a gritos chupársela, lo complací me la metí a la boca despacio.
Saboreándola lento, rodeando su cabecita con la lengua, él recargado sobre sus codos me miraba complacido.
—Así pequeña, que rico me la chupas, ya me habían dicho que eres experta— ¿y qué les puedo decir?, aprendí bien.
—Ay mi amor, que rico me lo haces, sigue, sigue, no te detengas— yo complaciente, seguí saboreando esa verga café. Chupaba la cabecita y con mis manos lo masturbaba, pero me la metí completa, el pegó un grito al sentir mi garganta.
—¿Qué haceeeeees?, no seas así, que ricooooo, a ver hazlo de nuevo— me dijo porque obvio me la saque al escucharlo.
—Aaaaaay canija, ¿Cómo haces esooooo?, sigue mi amor, sigue— me la metia hasta adentro y la sacaba, así varias veces. Al menos don Ramiro aguanto mucho más que el director, ya era ganancia, continué chupándolo, pero empezó a sonar Alberto Vazquez. Dejé su verga y subí lamiendo su barriga, su pecho y llegué a su boca, nos besamos muy intensamente y me acomodé.
Tomé su verga, abrí las piernas y la perfilé hacia mi vulva que ya estaba hirviendo, mirándonos fijamente. Me la metí poco a poco, sus ojos se cruzaron por el placer, su boca se torció y me la empujo de golpe hasta adentro. Sacándome un leve grito al sentir su pelvis presionar mi clítoris, se aferró a mi cintura y empezó a moverse.
—Así mi reina, así, mueve mi amor, que rica puchita tienes, me comes la verga delicioso reina— decia entre gemidos. Yo lo miraba mientras me cogía con fuerza, movía mi culito pero como apretaba mi cintura no podía moverme bien.
—Así papacito, dame fuerte, que rico me coges, ¿ya me tenías muchas ganas? — le pregunté mientras nos besábamos.
—Desde que te metías con el putito ese del Alex (mi ex) pinche escuincle pendejo— me dijo un poco molesto.
—Ahorita te voy a contar sobre esa basura, pero primero quiero gozarte mi reina— cambio el mood y siguió cogiéndome.
—Muévete mi amor, quiero sentir como te comes mi verga con esa puchita deliciosa— le pedí que me soltara para moverme. Apenas me soltó, me enderecé y movía mi cadera en círculos tallándome sobre su pelvis, tomé sus manos y las puse en mis tetas.
—Ay cabronaaaa que ricooo te mueveees, siento que me la exprimes, así muévete más— empezó a retorcerse por mis movimientos. Yo ya estaba a punto de venirme, aceleré mis movimientos, como si le hiciera ochos en su pelvis y me corrí sobre de él. Me la saqué y mis chorros cayeron sobre su cuerpo, al tiempo que los espasmos me hacían retorcerme por el placer.
—¿Qué tienes amor?, ¿qué te pasa?, mi vida, cálmate, ¿estás bien? — me dijo, pero yo solo dejé que el orgasmo pasara.
—¿qué te paso mi cielo?, ¿necesitas algo?, ¿quieres ir al doctor? — entre suspiros lo calmé, respiré hasta recuperarme.
—Tuve un delicioso orgasmo corazón, necesito que me cojas más— le dije y su mirada cambio, se veía contento.
—Enserio, tuviste un orgasmo, es la primera vez que veo esa reacción, hasta me espante— me dijo sorprendido. Yo me acomodé de nuevo sobre él, empecé a moverme lento con su verga hasta adentro, sintiendo sus pelos en mis labios.
—Vaya a mi mujer no le pasan estas cosas, siempre me dice que terminó, pero nunca es así— aceleré de nuevo. Se concentró, apretó mis tetas y sus labios al sentir el movimiento de mi cadera, yo alborotaba mi cabello con las manos. Sentía tan rico que empecé a darle unos buenos sentones, él me miraba feliz, la estábamos pasando delicioso.
—Aah, aaah, que rico, dame más papi, cógeme fuerte, hazme tuya, dámela toda— le dije con una voz demasiado sensual. Volví a moverle mi cadera ahora hacia atrás y hacia adelante, nuevamente sentí ese hormigueo delicioso.
—Aay cariñooo no sigaas que me vengooo, para por favor, me voy a veeniiiiir— ambos nos corrimos muy rico.
Mis espasmos lo exprimieron y sentir su explosión dentro de mí, me hizo correrme más rico, ambos gritamos por el placer. Me dejé caer sobre su pecho y me abrazo, tras la calma escuche Alma de niña de Joan Sebastian, el empezó a cantar.
—Alma de niña, cuerpo de diosa, tanta belleza te hizo ser tan caprichosa— me cantaba al oído, como arrullándome. Nuestra respiración se tranquilizó, me enderecé un poco, me recargué en su pecho y le di muchos besos.
—Te imaginaste que así seria cogerme— le pregunte sonriente, él me miraba y seguía cantando muy feliz.
—No mi vida, esto es mil veces mejor a lo que me hubiera imaginado, que rico la estamos pasando— me besó. Tras unos besos muy ricos me bajé y me acomodé sobre su pecho para recuperar un poco las fuerzas. Claro que nos esperaba otro round, ambos queríamos más, se giró, me abrazó y volvimos a besarnos unos momentos.
Me levanté para servir un par de copas más, en ese punto no me importó embriagarme con él, la estaba pasando muy rico. Le di la copa y nos sentamos, ambos mirábamos nuestros cuerpos, mi piel clara y joven era el contraste perfecto. Su piel morena, algo vieja y arrugada más todo ese vello gris que decoraba sus pantorrillas, su pelvis y su pecho me encantaba. Se estaba quedando calvo de la nuca y se acomodaba el cabello al peinarse, tenía su bigote recortado a la Mauricio Garcés. Siempre andaba con esos overoles grises o azules, era de esas personas que no le caen mal a nadie, al contrario. Lo usaban mucho en todos los eventos de la preparatoria, incluso salía en obras de teatro que hacían los maestros. Todo un amor don Ramiro, yo me sentía muy bien al estar ahí cogiendo con él, su mirada me ponía muy caliente. Pero la curiosidad me ganó, quería saber por qué hablaba así de Alex, no me molestaba, solo era la curiosidad por saber.
—Oiga don Ramiro y ¿qué hizo Alex?, se supone que son amigos, ¿cierto?— le pregunte mientras bebíamos esa copa.
—Uy chaparrita, si supieras la basura que es, me da mucho gusto que lo hayas dejado— me dijo después de tomar su whisky.
—Alex siempre fue un hablador, cuando andaba contigo lo escuché muchas veces presumir con sus amigos, hablaba cosas de ti. Cosas que un hombre no alardea, sobre todo con una muñequita como tú, varias veces lo detuve, le dije que se callará. Pero tú sabes bien como son, el colmo llegó cuando empezaste a coger con los maestros, no sé si él se enteró. Pero lo escuché decirle a otro idiota que, si te quería coger, él sabia como le podía hacer, al fin eras la puta de la escuela. Ahí me encabroné, lo tomé de la ropa y me lo llevé detrás de los salones, le advertí que ya le parara o lo iba a parar. Al principio me daba el avión, pero le dije que si no se callaba le iba a decir a los maestros que consumía droga.
En ese momento un escalofrió me recorrió la espalda, eso no lo sabía, obvio me aleje de Alex cuando terminamos. Ya no me interesó nada de él o de sus estúpidos amigos, pero saber eso, de cierta manera me dolió, él cambio demasiado. Era un buen chico, alegre, atento, respetuoso y bueno ya les he contado como se comportó después de cogerme.
—¿Y qué le dijo?, yo no sabía que se mete droga, de hecho, ya no supe nada de él— le contesté intrigada.
—No pues al decirle eso, me miro y su altanería se calmó, me dijo que solo decia mentiras, pero se puso nervioso. Metí la mano a su bolsa y traía dos grapas, le dije, ya ves, como te haces pendejo, que feo que tan chavito ya vales madre. Sigue hablando mal de Wendy y voy con el chisme con el director, le dije muy molesto y solo asintió y me fui. En serio no sé qué le pasó a ese muchacho, en qué momento se descarrilo— muy en el fondo a ambos nos preocupaba.
Pero bueno, en medio de nuestra preocupación empezó a sonar Adoro de Bronco, bebí mi copa y me levanté. Tomé su mano y se levantó conmigo, don Ramiro bailaba genial, empezamos a bailar esa cumbia bien pegaditos. Después empezó a sonar Quiéreme como te quiero (también de Bronco) bailamos lento y empezó a cantármela casi al oído. A media canción me besó tan rico, su boca con ese sabor a whisky delicioso, la intensidad subio, sus manos me acariciaban. Empecé a frotar su verga que estaba flácida, le di besitos en el cuello y en el pecho, bajé poco a poco hasta su pelvis. Comencé a chupársela, me la metia y la succionaba, poco a poco fue despertando, él me miraba con amor.
—Que rico me la chupas mamacita, asi, pónmela dura con esa boquita— me decia y yo continué hasta que se puso dura. Se la chupaba entera, esta vez con mucha intensidad, él veía como su verga desaparecía en mi boca una y otra vez.
Tal vez fue el Whisky, no lo sé, pero esta vez lo sentí más seguro, tomó mi cabeza y se movía muy rico, yo bajé las manos. Lo dejé cogerme así, mientras lo hacía tomó la botella y dejó caer un buen chorro sobre su boca, terminó de beber y me miró.
—Abre la boca chaparrita, di aaaah— me dijo, saqué su verga de mi boca, dejó caer un buen chorro dentro de mi boca. El líquido salía por mis comisuras, bebí el resto, le pedí la botella y eché un chorrito sobre su verga y me la metí completa. Jadeaba y gemía, lo hice algunas veces más, ya me sentía muy mareada, pero me valió, la estábamos pasando muy rico. Tomó mis manos y me levantó, bebí un poco y lo besé, esos besos sabor a Whisky me encantaban, la botella estaba a la mitad.
—Espera mi amor, déjame tomar alago de la canasta— me dijo y tambaleándose llegó a la canasta y yo me acomodé en la cama. Sacó un plátano grandote y me miró sonriente, yo subí mis piernas tomándolas por mis rodillas, enseñándole mis cavidades. Con el plátano tomó una botella de maple, volvió a mi lado y con las piernas arriba se pegó a mi vulva.
Me chupaba muy rico, abrió la botella y dejó caer unos chorros sobre mi pubis y mis labios, me lamia como gato bebiendo leche. Yo reía nerviosa, me lamio bien por todos lados, tomó el plátano y me lo tallaba por toda esa zona húmeda y caliente.
—Métemelo despacito corazón— le dije, me miro y empezó a masturbarme, me lo metia lento y suave, yo empecé a gemir. Aceleró y me lo metió un poco más, con el puño tallaba muy rico mi clítoris, me lo metia y giraba la mano, yo me retorcía.
—Así papacito, así, cógeme rico, métemelo más duro, mueve la mano así— sentí ese hormigueo delicioso invadirme. Me dejé caer en la camita y me corrí muy rico, expulse algunos chorros con los espasmos, me saco el plátano y pego su cara. Lo empapé con mis fluidos, me enderecé al pasar ese momento y estaba con la cara entre mis piernas tallándome su nariz. Tomé su mano y lo jalé hacía mí, nos besamos y se acomodó, empezó a cogerme, subio mis piernas a sus hombros.
Me la metia fuerte, sus embestidas me sacaban gemidos entre los besos, mordía mis labios y yo los suyos.
—Ya no aguanto mi amor, eres tremenda, no puedo aguantarte el ritmo— me dijo, estaba a punto de venirse.
—Dame tu lechita, pero quiero exprimírtela con la boca— le dije, me la metio unos segundos más y se detuvo. Me ayudó a acomodarme, de rodillas frente a él volví a comerme su verga completamente, hasta que se vino en mi boca. No le salió mucha, pero estaba deliciosa, se la exprimí hasta que ya no le salió nada, me aseguré de dejársela limpiecita. Él me miraba satisfecho, ambos estábamos agotados, le levantó, me abrazó y me besó apretando mis pompis. Yo lo abracé del cuello y volvimos a darnos besos con sabor a whisky, ambos estábamos borrachos y contentos.
—Ven muñeca, vamos a bañarnos, comemos y ya nos vamos— me dijo, tomó mi mano y salimos de la oficina.
Caminamos desnudos hasta los baños de la sala de maestros, yo no sabía que tenían una regadera, pero ahí estaba. Abrió las llaves, pero como apagaban todo, tuvimos que bañarnos con fría, nos enjuagamos bajo el agua abrazados. El agua cubría nuestros cuerpos desnudos, erizando nuestra piel, mientras nos comíamos a besos y nos manoseábamos. Después de unos minutos cerró la llave y me pasó una toalla que había dejado ahí previamente, pensó en cada detalle. Me sequé y me envolví en la toalla, regresamos a la oficina, me sentía bien, ya no iba mareada, nos vestimos rápido. Entre al baño para arreglar mi cabello y cuando salí ya tenía la mesa puesta, compró carnitas y chicharrón con guacamole. Comimos muy a gusto, platicando y recordando las cosas que habíamos hecho y apenas iban a ser las 3 de la tarde. Tenía un par de horas para regresar a casa, pero les mande mensaje a mis papás para que no se preocuparan.
Terminamos de comer, sacó un par de pastelillos como postre, no podía creer lo bien que me la pase con don Ramiro.
—Si quieres ahorita que termines de comer, ya te puedes ir, yo me voy a quedar a limpiar— me dijo sonriente.
—Muchas gracias por complacerme preciosa, y no te preocupes, cuando quieras salir, nomás me avisas— me dio un beso.
—Gracias a usted don Ramiro, que rico la pasamos, que me divertí mucho con usted— le dije entre besos.
—Cuando quieras chaparrita, nomás hay que ponernos de acuerdo como hoy— los dos queríamos volver a coger.
—Si pero espero que también me dejé consentirlo para la próxima— le dije emocionada y el aceptó. Terminé mi pastelillo y tomé mi mochila al salir hacia la salida, el calor del sol volvió a marearme un poco. Pedí el Uber mientras platicábamos de próximas reuniones y nos poníamos de acuerdo muy emocionados.
Al llegar a la puerta nos abrazamos y nos besamos como tanto nos gustaba, sus manos en mi cintura y mi cadera.
—Anda ya vete porque si no, voy a volver a cogerte aquí mismo— me dijo, yo le sonreí y froté su verga sobre la ropa.
—Uy, ¿si te gustaría cogerme aquí al aire libre? — le dije coqueta, aunque estaba segura que lo haría sin pensarlo mucho.
—Para la próxima te voy a coger en medio de la cancha, aunque nos quemé el sol— me dijo y nos reímos un poquito. Mi Uber ya casi llegaba, volví a besarlo y me pegué a su cuerpo, metio las manos bajo mi pantalón y apretó mis pompis. Sentí su erección volver, también metí las manos bajó su ropa y empecé a masturbarlo sin decir una palabra. Solo nos mirábamos agitados, metio su mano al frente, hurgando mi vulva adolorida, pero me hizo mojarme de nuevo. Perdimos el control, baje su pantalón y me pegue de nuevo a su verga, ahí frente al portón se la chupé hambrienta.
—Asi preciosa, asi, comete mi verga, sácame la leche, que rico me la chupas— yo me aferré, el Uber estaba a unas calles.
—Asi mamacitaaa que ricooo me la chupas, hazlo más rápido, cómetela toda— lo complací obediente a sus deseos. Me levantó y sin decir nada me giró, desabrochó mi pantalón, cayó a mis tobillos, me empine y me la metio de golpe. Empezó a cogerme y me recargué en el portón, el Uber no se movía, seguía a unas calles, don Ramiro me cogia muy rico.
—Ya me voy a venir, déjame llenarte la puchita, si me dejaas mi amor— aceleró el ritmo yo mordia mis labios para no gemir.
—Sí, dame tu lechita, lléname toda— mis palabras lo hicieron terminar con un grito ahogado, me la empujaba lento. Como si con cada envestida su verga expulsara ese líquido delicioso, nos miramos sonrientes mientras nos vestíamos.
—Jaja que intensoooo, bueno ya no nos quedamos con las ganas de coger aquí— le dije y mi Uber ya casi llegaba.
Medio acomodé mi cabello, le di un beso y me despedí, pero me abrazó, me besó con ternura y ahí nos quedamos. Gozando ese beso rico, el chofer me mandó un mensaje, avisándome que había llegado, le dije que salía en un momento.
—No te preocupes mi amor, me hice la vasectomía hace tiempo, no pasara nada— me dijo entre besos.
—Oh, perfecto corazón, así podras correrte en mi sin problemas, gracias por hoy— le dije, nos costó separarnos. Por fin pude salir, él se quedó ahí parado viéndome partir, subí y le mandé un beso mientras nos alejábamos. El del Uber me miraba por el retrovisor, al despedirme de don Ramiro, supongo que no se quiso quedar con la duda.
—¿Es su papá señorita?, la veo muy feliz— me preguntó yo lo miré sonriente y le dije que era mi novio.
—Pero es el director o un maestro supongo— me dijo sorprendido por mi respuesta, claro que no lo iba a negar.
—No, de hecho, es el conserje de la escuela, yo soy alumna— le dije con una sonrisa enorme y su expresión me encantó.
—Acabamos de pasarla muy rico tú crees— ya no me dijo nada, todo el camino se fue en silencio solo me miraba. Le pedí dejarme a unas calles de mi casa, entré a la tienda de Erick y platicamos un ratito hasta que el Uber se fue. Regresé a casa, aun iba algo mareada, me compré unas galletas y un yogurt para camuflar los olores a sexo y whisky. Cuando entré, mis papás veían una película, me invitaron a verla, pero les dije que estaba muy acalorada y subí. Me quité la ropa, la guardé hasta abajo de la ropa sucia y me metí a bañar, cuando salí me puse un short y una playera. Bajé cepillando mi cabello y me quedé con mis papás en la sala, platicamos un poco y no sospecharon nada. Por la noche me estuve mensajeando con don Ramiro, planeando el siguiente encuentro y otras perversiones.
bueno te cuento rápido, empecé a coger a los 16 años con mi novio de la preparatoria, pero no supo satisfacerme, intenté con otros chicos, pero era más de lo mismo, me dejaban a medias, frustrada y preguntándome qué debía hacer para poder gozar del sexo.
Busqué otras opciones, pregunté a quién pude, investigué y me esforcé para poder sentir un orgasmo, mis amigas me presumían que ya habían cogido con muchos hombres, incluso con señores, eso me impresionó, tal vez debía intentarlo, pero solo era un vago pensamiento que me venía de vez en cuando, hasta que Diego, un hombre maduro y amigo de mi padre me cogió en la casa, en ese momento supe lo verdaderamente rico y delicioso que es coger y tener muchos orgasmos, ese evento me abrió los ojos y empecé a tener aventuras con otros señores que sabía bien que estarían encantados de cogerme y quitarme las ganas que cada día se intensificaban hasta casi ser incontrolables, hice muchas locuras en las manos correctas hasta volverme una puta profesional que vive de coger con maduros.
Poco a poco fui escalando hasta llegar a este pais y entrar a la agencia donde me cogen señores que pagan bastante bien por usarme unas horas, en esta página ya les he contado muchas aventuras sexosas, sobre todo en mis dulces 16 años, quiero contar mi historia, que conozcan un poco más de mí y mis secretos sexosos, si me acompañan en este viaje les prometo que en cada relato les confesaré un encuentro delicioso para provocar sus erecciones o que dejen sus pantis tan mojadas que no les quede de otra que masturbarse o coger con sus parejas, sin más solo puedo agradecerles por estar aquí.
-UNA TARDE CON MIS AMIGAS, CINE Y SEXO EN EL ESTACIONAMIENTO.
Después de coger con el papá de Melanie en su casa y de hacer travesuras por la noche formados en la panadería con el peligro de saber que mi papá, mi amiga y su mamá nos esperaban afuera, nació una necesidad de volver a hacerlo, nos veíamos por las noches unos minutos, yo les decía a mis papás que iba a la tienda, a la papelería o a donde se me ocurriera, pero nos empezamos a tardar y los pretextos se me acababan, les decía que no había o estaba cerrado o tuve que ir más lejos, no podíamos vernos por la tarde, él estaba de vacaciones y era complicado encontrar un buen pretexto para irnos a coger, de momento debíamos conformarnos con unos besos y una pequeña manoseada en una esquina o donde se pudiera, pero como les digo, cada vez se ponía más intenso el asunto, don Arturo me ponía muy caliente con sus besos y caricias, una tarde llevaba su coche y nos subimos para manosearnos en el asiento trasero aprovechando la oscuridad de una calle.
Tenía los vidrios oscuros y una tapa especial cubría el cristal trasero, me subí sobre él y lo dejé manosearme mientras nos besábamos con mucho deseo, llevaba una minifalda ajustada que se me subio hasta la cintura, sus manos entraron bajo mis pantis y en segundos empezó a masturbarme aprovechando la humedad de mi vulva hambrienta, la gente pasaba sin darse cuenta que dentro del coche nosotros estábamos a punto de coger, que rico era verlos pasar, mientras don Arturo me metía sus dedos lentamente y yo me mordía los labios para ahogar mis gemidos y no ser descubiertos, después de que pasaba la gente aceleraba sus movimientos y yo movía mis caderas al ritmo de sus dedos dentro de mí, subí mi blusa para que chupara mis tetas, él se pegó a mis pezones complaciéndome, me encantaba sentir su boca, me daba leves mordiscos y chupaba mis tetas tan rico que sentía que pronto tendría un orgasmo, pero su celular sonó.
—Sí, ya voy, tuve que ir más lejos, pero ya casi salgo …ay no empieces con tus celos …ya ves, por eso te dije que mejor fueras tú— yo me quedé quieta mientras hablaba por telefono, era complicado, porque tenía sus dedos dentro de mí.
—Ni modo corazón, ya tenemos que irnos, quisiera que cogerte ahorita mismo, pero ya no hay tiempo— me dijo un poco triste, nos besamos unos segundos y me sacó sus dedos para chuparlos como si fuera un caramelo delicioso, acomodé mi ropa y me acercó a casa, bajé unas calles antes y discretamente traté de ventilar bajo mi falda, sabía que los olores me podrían delatar, llegué muy sonrojada y mis papás me veían con esa mirada sospechosa.
—¿Y ahora hasta donde fuiste Wendy?, cada vez te tardas más… — me dijo mi mamá y mi papá soltó una carcajada.
—Va a decir que no había y casualmente se fue hasta la tienda más lejana, ¿verdad mi amor? — me quedé callada.
—Mira mi amor, quiero que entiendas que no me molesta si te ves con un muchacho, pero mejor dile que venga— me dijo mi papá.
—Prefiero tenerlos besuqueándose aquí en la sala, o en la puerta de la casa, a que estés en la calle y algo te pueda pasar— sus palabras me dieron un poco de tranquilidad, obvio sabían que me veía con alguien, pero pensaban que era con un muchacho.
—Si papi, perdón, se me salió de las manos, pensé que no tardaría, pero bueno, ustedes saben cómo es, el tiempo se va súper rápido— les dije apenada, mi papá me dijo que no pasaba nada y me abrazó, me sentí un poco incomoda y me alejé para irme a lavar, sentí que le estaba faltando al respeto, venía de ser manoseada por un señor y mi papi tan lindo me abrazó, me sentía sucia para él, subí a mi recámara, tomé unas pantis limpias y entré al baño para limpiarme y bajar un poco más tranquila, tomamos café con pancito, mi papá me miraba con ternura, con su sonrisa me hacía sentir mejor, sabía cómo alegrarme.
Tal vez por la pena con mi papi empecé a inventarle excusas a don Arturo para no salir a verlo por la noche, aunque si quería, traté de controlarme para que no pasara lo mismo, él me mandaba mensajes, insistía en vernos, pero yo no salía, los días pasaron y las chicas y yo nos quedamos de ver en la plaza, por fin nos juntaríamos para ponernos al corriente, la cita fue a las 5 de la tarde, por el calor del verano me puse un vestido cortito y ajustado color rosa y unos tenis de bota, debajo me puse unas pantis rositas de encaje, no me puse sostén, unas calcetas chiquitas y una chamarra cortita, sabía que íba a regresar por la noche, teníamos mucho que platicar, iríamos a las tiendas, a comer y después al cine, desde antes de salir de casa, estuve mensajeándome con don Arturo, se moría de ganas por verme y sinceramente yo también, llegué a la plaza y mis amigas llegaron a los pocos minutos, nos pusimos al corriente con los chismes y rumores.
Quien sale con quien, quienes ya cortaron, Melanie nos contó orgullosa que ya había cogido con dos muchachos, Laura nos dijo que ella se besó con un primo en la playa pero que no paso a mayores, así una por una se fue confesando, llegó mi turno y aunque quería contarles sobre mis aventuras sexosas con esos maduros, me limité a mentirles, les dije que solo me había besado con un chico que conocí, ellas me miraron y empezaron a reír, no esperaban mucho de mí.
—Oye Melanie, el otro día me encontré a tu papá, sinceramente ni lo quería saludar, pero oye, que cambiado que está— le dijo Sofía, Melanie puso una cara de alegría, muy distinta a cuando hablábamos de su papá y ella cambiaba el tema enseguida.
—Sí, no sé qué le está pasando, pero hasta mi mamá lo nota diferente, ya no es ese hombre que nos ponía de malas— creo que fue la primera vez que vi a Melanie sonreír de esa manera al hablar de su padre, yo la miraba atenta mientras nos contaba.
—Antes no me daba permiso para salir, ahora me dice que sí a todo lo que le pido, las comidas y cenas se han vuelto mis favoritas— se notaba que la estaba pasando muy bien con su papá, no sé si era por nuestras escapadas o solo una casualidad.
—Oye, ¿y ya no te ha espiado mientras te bañas? — le preguntó Mónica, Melanie nos había contado anteriormente sobre eso, su papá entraba al baño mientras ella se bañaba, a pesar de que la cortina la cubría, se sentía súper incómoda.
—No, fíjate que ya cambió demasiado, antes su mirada morbosa me incomodaba cuando andaba en shorts en la casa, pero desde hace varios días, parece otro hombre, como si lo hubieran cambiado, no sé qué le pasó, pero que bueno— realmente él y yo no platicábamos nada sobre su familia cuando nos veíamos, teníamos poco tiempo y lo aprovechábamos, pasamos la tarde en las tiendas y fuimos a comer, don Arturo me mandaba mensajes y yo le mandé algunas selfies.
Salimos del restaurante casi a las 7 y caminamos al cine, ya le había platicado lo que haríamos y me dijo que me tenía una sorpresa, compramos las entradas y las palomitas, entramos a la sala y nos acomodamos, iba a poner mi celular en modo avión, pero vi que tenía muchos mensajes de don Arturo, discretamente los empecé a leer, me pedía salir un momento.
—Preciosa, vine a verte, sal unos minutos, diles que vas al baño, muero por besarte, te veo frente a la taquilla— al leer ese mensaje, la calentura empezó a crecer dentro de mí, me puse muy nerviosa y los escalofríos me erizaban la piel, el morbo era demasiado, Melanie me hablaba, pero no le puse atencion, obvio quería ir a verlo, pero me daba miedo, si cualquiera de las chicas nos veía, le dirían a Melanie enseguida, lo pensé unos segundos, pero mi calentura pudo más, me levanté, puse mi charola en el asiento, les dije que debía ir al baño, Sofía me preguntó si estaba bien, le dije que sí.
—Creo que me cayó de peso la comida, no se preocupen, no me tardo— les dije y salí de la sala tan rápido como pude, al llegar al pasillo me quedé parada unos segundos para ver si alguna me seguía, miré adentro de la sala y nadie venía, salí al vestíbulo, me acerqué a la taquilla y no lo vi, volteé a todos lados buscándolo, pero no pude verlo por ningún lado, pensé que tal vez ya se había ido, saqué mi celular para mandarle mensaje y llegó por detrás, me abrazó y empezó a besarme.
—Ay mamacita, que rica te ves, las fotos que me mandaste me pusieron bien cachondo, tenía que verte y darte muchos besos— traía un helado de barquillo, era de chocolate con galleta oreo que es mi favorito, me giré y nos besamos con pasión, sentí sus manos apretar mi cintura y bajar a mis caderas mientras me pegaba a su cuerpo y me colgaba de su cuello, pude sentir ese previo cosquilleo en mi vagina que provocaba que mis jugos salieran y pusieran bien mojadas mis pantis.
—Ven, vamos al coche, ya no resisto, mira ya como me pusiste— me dijo con esa voz intensa mientras me pegaba su verga, ya se sentía dura, lista para ser liberada, no puse resistencia ni le dije nada, me tomó de la mano y caminamos rápido, salimos de la zona del cine, casi casi corrimos al estacionamiento, sin decir palabras, solo nos mirábamos con el mismo deseo, apenas cruzamos la puerta del estacionamiento y nos acomodamos en un rincón, nos besamos frenéticos y deseosos, tomé mi helado para que pudiera manosearme, rápido sus manos empezaron a frotar mi cuerpo sobre la ropa, yo vigilaba mientras él saciaba sus ganas, abrí las piernas para que metiera su mano y frotara mi vulva sobre las pantis.
—Mi reina ya estás bien mojadita, que delicia, no sabes cuánto te extraño, quiero cogerte, ¿me dejas? — me dijo con esa mirada morbosa que me encantaba, acepté su petición y nos volvimos a besar con ese deseo delicioso.
Después corrimos a su coche que, muy listo, estacionó frente a la barda que da a la calle, nadie pasaba por ahí, estábamos en el tercer nivel, con sus vidrios opacos y esa cubierta en el cristal trasero nadie nos vería, subimos al asiento trasero, apenas cerramos la puerta, desabrochó su pantalón y se sacó la verga, yo iba chupando y lamiendo mi helado, pero lo dejé al verla, estaba dura, hinchada, como si estuviera a punto de reventar, olía tan rico que sin pensarlo me pegué a ella, empecé a chupársela como poseída, mientras él se recargaba en el asiento y entre gemidos me decía cuanto le gustaba.
—Así cabrona, cómete mi verga, que rico me la chupas, ya la extrañabas verdad, no sabes cuánto deseaba tenerte así— sus palabras me motivaban y me esforzaba para metérmela toda, mis arcadas y esos sonidos guturales lo hacían estremecerse.
—Así mi vida, así, cómetela toda, gózala, es tuya— juntó mi cabello con sus manos y guiaba mis movimientos.
Yo tenía mi helado en una mano y empezó a derretirse, me saqué su verga y le pasé el helado por todos lados.
—Tu verga está ardiendo, tengo que enfriarla un poco, no vaya a reventar— le dije sonriente mientras la embarraba de helado, él suspiraba por lo frío, nuevamente se la chupé y la lamí para quitarle todo el helado, volví a hacerlo algunas veces más, hasta que el barquillo cedió y tuve que tirarlo por la ventana, volví a meterla lo más que pude a mi boca, vaya que ya me hacía mucha falta chupar esa verga deliciosa otra vez, me pidió subirme al asiento para tocar mi culo, me puse de perrito y sentí su mano subir mi vestido, después entrar bajo mis pantis y colarse hasta mi vulva, pasando por mi culito, apretando mis pompis y perderse en mi humedad, tratando de abrir mis labios hasta mi clítoris, yo me movía lento mientras devoraba su verga y sobaba sus huevos, mi baba escurría y bajaba por sus piernas.
—Ya no resisto más, me la chupas delicioso, pero ya quiero cogerte— me dijo jadeante, me enderecé y subí mi vestido a mi cadera, me quité las pantis y él se acomodó en el centro del asiento, me coloqué sobre de él con las piernas abiertas, tomó su verga y acarició mi vulva con esa cabeza hinchada, mis labios besaron ese glande ardiente y sentí escalofríos, me la acomodó y me dejé caer lento, me entró poco a poco, cerré los ojos sintiendo cada milímetro, ambos soltamos un fuerte gemido, me quedé quieta unos segundos, sentí como mis paredes vaginales se aferraban a ese tronco caliente que las habría deliciosamente, lo miré y en su cara derrochaba ese placer intenso que le daba al cogerme, me abrazó con fuerza y empezó a moverse, cada penetración era fuerte, intensa, con la prisa que ambos teníamos por coger y regresar para que no sospecharan, yo trataba de no gritar, pero era muy difícil, tapaba mi boca y solo se me salían los gemidos al sentir cada penetración.
Aceleramos y el placer aumentó, aunque quise gritar no me salía la voz, cerré los ojos al sentir ese delicioso orgasmo, sin detenerse me siguió penetrando fuerte, provocando que los chorros salieran de mi vagina y escurrieran por todo su cuerpo, por fin pude gritar, pero me tapó la boca, se miraba serio, concentrado, me quité el vestido y se pegó a mis tetas, estábamos tan calientes que los vidrios del coche se empañaron por nuestra calentura, poco a poco nos acomodamos, ambos recostados sobre el asiento, me puso de lado y me cogió así, levantando mi pierna, subí el pie sobre el asiento, mientras me manoseaba y me besaba la espalda, me penetraba fuerte, empezamos a sofocarnos por el calor, pero no podíamos bajar los vidrios, tuvimos que aguantarnos, volvimos a sentarnos, esta vez de espaldas a él, ahora yo me movía, junté las piernas, me apoyé sobre los asientos y empecé a darle unos ricos sentones muy intensos.
Él me daba nalgadas cada vez más intensas, me clavaba en esa verga deliciosa y me quedaba quieta, así muchas veces, justo cuando otro orgasmo estaba por venirme, me tomó con fuerza y me jaló hacia él, apretando mis tetas y mi cuello, levanté mis piernas sobre los asientos, él se acomodó y me penetro fuerte, rápido, sentí sus besos en mi mejilla, nuestras lenguas se buscaron y nos besamos como pudimos, aceleró y sus dedos sobaban mi clítoris frenéticamente, mi orgasmo fue intenso, mis jugos salieron a presión, cayendo sobre los asientos, las palancas y el tablero, tapó mi boca con su mano, a pesar de mis intentos, los espasmos ahogaban mis gritos, apenas me di cuenta cuando se vino, me la sacó y se corrió sobre mi pelvis, ambos gozamos un delicioso orgasmo, jadeantes nos quedamos así, hasta que nuestra respiración se calmó, con sus dedos tomó la leche que cayó sobre mi piel y metió sus dedos a mi boca.
Lamí sus dedos para saborear esa lechita deliciosa, lo hizo hasta que no quedó nada, nos miramos sonrientes y me besó, después de unos segundos me acomodé en el asiento, tomé su verga y se la chupé para dejársela bien limpiecita, ya estaba un poco flácida, pero me encantó saborear mis jugos en su piel, al terminar, me puse la ropa y abrió la puerta, sentir esa brisa fría fue súper rico, acomodé mi ropa, mi cabello y bajamos del coche, debíamos volver enseguida, me tardé casi una hora con él, nos despedimos, me abrazó y me dio un tierno beso, sin decir una palabra nos despedimos, caminé súper rápido, entré a la plaza, entré al Sanborns y compré unas pastillas para el dolor de estómago y volví al cine, para mi sorpresa no tenía mensajes de mis amigas, caminé un poco más rápido y llegué al cine, entré rápido al baño, me limpié como pude, acomodé mi ropa y mi cabello, regresé a la sala muy nerviosa pensando que mis amigas estarían preocupadas.
Pero al llegar a la sala, estaban embobadas en la película, Sofía me preguntó si estaba bien, le dije que me había dolido el estómago, le mostre las pastillas, las demás ni cuenta se dieron, terminé de ver la película, al comer mis palomitas, limpiaba mis manos en la ropa, para que se me quedara el olor, traía el aroma a sexo metido bien en la nariz, al terminar la película, salimos del cine.
—No manches Wendy te tardaste un buen en el baño, ¿te hizo daño la comida? — me dijo Melanie, sonrojada le dije que sí.
—Te diría que perdiste casi la mitad de la película, pero estuvo bien aburrida— reí nerviosa, pensé que iban a sospechar.
—A ver si nos podemos ver en la semana, o el fin, creo que Edgar va a tener una fiesta, en cuanto me diga les paso el dato— nos dijo Sofía, emocionadas le dijimos que en cuanto supiera algo más nos dijera, ya nos extrañábamos mucho.
—Oye Wendy, me dijo mi papá que va a venir por mí, ¿te vas con nosotros verdad? — me dijo Melanie, apenas pude decirle que sí. Don Elías llegó por Sofía, Mónica y Laura, nos saludó muy sonriente como siempre, aún lograba ponerme nerviosa con esa sonrisa.
—Ay que envidia, ¿por qué no nos dijiste que vendría tu papá Sofía? — le dijo Melanie, las chicas nos miraron burlonas, se marcharon y nos quedamos esperando Melanie y yo, ella enseguida me contó sus planes con don Elías en lo que llegaba su papá.
—Ya lo pensé, me lo tengo que coger en estos días, aprovechando que Sofía y su mamá van a salir, es mi oportunidad— me dijo presumida, yo lo tomé como un reto, por primera vez me sentí celosa y obvio no iba a permitir que se lo cogiera antes que yo.
—¿Y cómo le vas a hacer?, ni modo que vayas a su casa a seducirlo— le dije esperando que me contara sus planes.
—No te voy a decir, ya sé que tú no te atreves a hacer nada amiga, pero no quiero que por tu envidia le digas a Sofía— en eso su celular sonó, don Arturo estaba a punto de llegar, le dijo que nos esperaba en la entrada de la plaza.
—Ándale, dime, te juro que no le digo a Sofía, es más, yo podría ser tu cuartada, le puedes decir a tu papá que te verás conmigo, si me llama, le diré que estas en mi casa y que todo bien, (me miró pensativa) ves, no es mala idea— traté de convencerla.
—Ok, te diré, don Elías va al mismo Gym de mi papá, le diré que me preste su membresía y ahí lo voy a seducir— casi se me sale una sonrisa, don Arturo ya me había dado una extensión de su membresía, claro que le iba a robar la idea.
—Oye, pero para eso, tienes que ir por la tarde, cierto, supongo que solo tienes que pedir permiso a tus papás, recuerda avisarme para saber cuándo lo harás, por si necesitas que te cubra— le dije recordando mi postura de buena amiga.
—Ah no te preocupes, esta semana mi mamá se va a ir con mis tías a un retiro a Veracruz, solo tengo que preocuparme por mi papá— en ese momento sentí como mi vulva empezó a palpitar, no solo podría coger con don Elías, tambien con el papá de Melanie.
—Espero que me guardes el secreto y no vayas con el chisme, confió en ti Wendoline, si dices algo te dejó de hablar— me dijo muy preocupada, obviamente no iba a decir nada, me convenía cada parte de su plan, sabía que podría coger con los dos.
—Amiga… sabes que nunca te traicionaría de esa manera, por eso te ofrecí mi apoyo, confía en mí— le dije sonriente, Melanie me creyó y llegamos al coche de su papá, ella subio adelante y yo en la parte trasera, lo saludé como de costumbre, como esas veces que apenas cruzábamos palabras, nos alejamos de la plaza y noté como ajustó su espejo para mirarme, yo le iba coqueteando, Melanie iba muy callada, él me miraba, empecé a chuparme los dedos seductoramente, avanzamos unas calles, bajó su espejo aprovechando que mi amiga iba perdida viendo su celular sin poner atención, subí mi vestido y abrí las piernas, él iba atento al camino, pero me miraba constantemente, que rico seducirlo con ella al lado.
Llegamos a una tienda y Melanie le pidió detenerse, ahí vivía su novio, le pregunté si quería que la acompañara, pero me dijo que no, bajó del coche y antes de entrar me enseño su celular como dándome a entender que revisara mis mensajes.
—Amiga, voy a tardarme un poquito, distrae a mi papá por favor, tengo que hablar con Santiago de algo muy importante— leí su mensaje, obvio sabía que tendría unos minutos para despedirme bien de don Arturo, así que me puse manos a la obra.
—Oye, ¿no hay problema si uso tu membresía del Gym esta semana?, me enteré que don Elías va y no sabes cómo se me antoja— Don Arturo me miró con esa cara morbosa, sabía bien que me encantaba coger con maduros y claro que le gustó la idea.
—Déjame preguntarle, creo que va todos los días, pero me pareció escuchar que va a salir esta semana, yo te aviso— me dijo mientras le enseñaba las piernas y me bajaba el vestido para mostrarle las tetas, él me miraba por el espejo.
—Ya te urge coger con otros, ¿verdad cabrona?, eres una puta insaciable, por eso me encantas, de hecho, puedes coger con varios, casi todos vamos a ese Gym, si quieres yo puedo ofrecerte, claro que te quieren coger, sirve que les presumo que yo les gané— sus palabras me sorprendieron, no sabía que casi todos los papás de mis amigas eran igual de calientes que él.
—Sabes, de hecho, si de verdad quieres coger con varios de nosotros, te recomiendo que no lo intentes en el gym, busca otras opciones, en todos lados hay camaras y la mayoría de las señoras son súper celosas, hay que pensar mejor, puedo decirles que vas diario a correr y ellos solitos te van a ir a buscar, obviamente los conoces, ya el resto depende de ti, ¿Cómo ves mi idea?, es mejor ¿verdad? — me dijo, yo seguía enseñándole las tetas discretamente por la gente que pasaba, obvio me pareció un mejor plan, le dije que entonces les dijera que iba a correr diario después de las 12 del día.
—Ok mi vida, pero me tendrás que reportar tus puterias por las noches, cuando nos vemos a escondidas, mañana iré al gym y si los veo les diré que ya te cogí, para que les de envidia, conociéndolos van a estar interesados enseguida y ya les digo a donde te pueden encontrar, el resto depende de ti— estoy segura que ni siquiera se acordaba de Melanie.
—Ok, me parece perfecto, si quieres tómame una foto para que les presumas— le dije mientras le posaba sensualmente, me tomó varias fotos y en eso recordó a su hija, le dije que no se preocupara, que iría a buscarla solo que se hiciera el enojado, acomodé mi ropa y bajé, al entrar a la tienda le pregunté al encargado por ella y me dijo que había entrado a la casa, al encontrarla estaba en pleno faje con su novio, le dije que debíamos irnos porque su papá ya se había enojado, se acomodó la ropa y salimos de la tienda, al entrar al coche don Arturo empezó a regañarla, ella no dijo nada.
Yo traté de calmar un poco los ánimos, pero don Arturo le dijo a Melanie que charlaban en la casa y nos fuimos de ahí, me llevaron hasta mi casa, me despedí de ellos y entré, mis papás estaban en su recámara viendo la TV, les di las buenas noches, fui a mi recámara y me quité la ropa, entré a bañarme, que rico sentir el agua caer por mi cuerpo después de ese encuentro, recordaba las cosas que hicimos en el coche mientras enjuagaba mi cuerpo, que loco pasar por todo eso sin ser descubierta y lo mejor es que mis amigas ni siquiera sospecharon nada, salí del baño y me estaba secando cuando me llegaron algunos mensajes.
—Mi amor, no puedo dormir, nomás de imaginarte cogiendo con esos bastardos me pongo bien caliente, lástima que no podré ver, me encantaría ser testigo de cómo te usan, verte chupando esas vergas, verte bien cogida por ellos es algo que me hace sudar— me escribió, yo le agradecí por apoyarme en esta campaña sexosa, la charla continuó unos minutos más y el calor aumentó.
Me puse mi uniforme del equipo de vóley y me tomé algunas fotos en poses súper sexys y mostrando de más para enviárselas con la intención de que darle más fotitos ricas para presumirme con los otros padres, obvio le encantó verme así una vez más, claro que él también me mando fotos sexosas, charlamos un poco más y me dormí, ese fin de semana me fui al gym y a correr, me tardaba más de dos horas, así mis papás no sospecharían nada, esperé paciente el lunes a ver si el plan funcionaba, los días siguientes tuve varios encuentros deliciosos con otros padres gracias a la ayuda de don Arturo, como lo prometí, nos veíamos en la noche y le contaba las travesuras que había hecho con los otros señores calientes, obvio a ustedes también se las contaré en los próximos relatos, les agradezco por leerme si llegaron hasta aquí, prometo contarles todos mis secretos poco a poco, estoy segura que les va a encantar saber que tan puta era a los 16 años…
-ME QUITARON LAS GANAS
Y bueno, esto que les voy a platicar, creo que yo solita me lo busqué, a los 16 años me volví una chica muy puta y muy descarada. Me encantaba mostrar el culo y usar ropa ajustada y muy corta para provocar las miradas morbosas de los hombres de mi colonia. No era su culpa, era mi puteria la que los provocaba, los seducía y les movía el culo con muchos deseos de escuchar sus piropos. Esperaba ansiosa que alguno de ellos se animará a faltarme al respeto, como si quisiera que me tomaran y me cogieran por la fuerza. Muchas veces soñé que me agarraban en la calle y metían a uno de esos talleres y entre todos me manoseaban súper rico. Después me arrancaban la ropa con sus manos llenas de grasa, yo no ponía resistencia, los dejaba hacer conmigo lo que quisieran. Los imaginaba obligándome a tragarme sus vergas peludas mientras otros me cogían hasta sacarme mil orgasmos. Para terminar sobre mi cara, me veía de rodillas entre ellos con la cara y la boca llena de esa leche espesa y deliciosa.
Fueron tiempos muy complicados, esa fantasía me recorría la mente cada que iba por las tortillas por las tardes al lado de ese taller. Los veía ahí parados, trataba mostrarles bien mi culito, ellos me miraban y se decían cosas, yo sonrojada me volteaba. Iba con licras, shorts chiquitos, minifaldas, incluso llegué a ir sin ropa interior, anhelando ser usada por esos hombres. Me mojaba demasiado al verlos salir por debajo de los camiones llenos de tierra y grasa, se volvió una obsesión muy intensa. Jugué con fuego tantas veces, llegué a creer que nunca se atreverían, pero esa noche aprendí que debes tener cuidado con lo que deseas. Para bien o para mal, me dieron lo que tanto andaba buscando y precisamente pasó en uno de esos camiones que arreglaban. Fue de esas veces que pasan las cosas que tanto deseas en el momento que menos lo esperas y vaya que me hicieron gozar. En esa una noche rara, incomoda, por todo lo que sucedió previamente, ese momento con ellos fue maravilloso.
Salí con las chicas por la tarde, estábamos de vacaciones de verano un amigo de la preparatoria nos invitó a su fiesta de cumpleaños. Rentaron una carpa en el patio de su casa y pusieron sillas alrededor para que todos bailáramos al ritmo de la música. Nosotras vestíamos ropa cortita, enseñando de más por la cerveza, bailando y moviéndole el culo a todos los chicos presentes. La típica fiesta adolescente con reggaetón a todo volumen, aguas locas, cerveza y pubertos queriendo ser salvajes. Los chicos se sentaban y todas nosotras les tallábamos el culo mientras ellos nos tocaban como si fuera una competencia. Las cosas subieron de tono, ya estábamos muy calientes y más de una pareja se metio a la casa para fajar o tal vez para hacer algo más. Yo ya estaba con las ganas a flor de piel, miré a los prospectos a mí alrededor, pero lo que vi no me llamaba la atencion. Talvez coger con los papás de mis amigas ya me tenía bien programada para que los de mi edad no se me antojaran.
La cerveza y el alcohol se terminaron, planearon ir al Oxxo a comprar más para continuar bebiendo hasta la madrugada. Como yo era la unica soltera, les dije que me dejaran acompañarlos, mientras mis amigas se besaban con sus novios. Aproveche que todas estaban ocupadas en lo suyo para mensajear con el papá de Melanie, a ver si se animaba a verme. Apenas iban a ser las 9 y tenía permiso hasta la media noche para llegar a casa, pero don Arturo no contestaba los mensajes. Nos fuimos caminando, para mi mala suerte, la actitud y las bromitas de mis amigos me estaba poniendo de malas muy rápido.
—Hola chica hermosa, perdóname, pero no puedo verte hoy, tenemos visitas y si salgo, mi esposa me mata, lo siento mucho— Me dijo don Arturo en un mensaje, mientras íbamos caminando al Oxxo iba escuchando las babosadas de mis amigos. Traté de ignorarlos y de concentrarme, talvez así podría volver a la fiesta y divertirme sola el resto de la noche.
Debíamos caminar por varias calles y ellos parecían niños de kínder, llena de vergüenza, caminé lento para alejarme un poco. Llegamos al Oxxo y entramos a comprar, tomamos las cervezas mientras otros empezaron a destapar bolsas de frituras y botanas. Los chicos del Oxxo los regañaron, pero ellos solo reían como idiotas, yo muy apenada me alejé hacia la puerta. Su comportamiento estúpido de adolescentes inmaduros me hartó y salí del Oxxo con la idea de no volver a la fiesta. Caminé hacia mi casa, ya traía unas cervezas encima, me sentía algo mareada, pero me valió, así caminé entre las calles. Ni siquiera puse atencion a donde estaba o hacia donde me dirigía, el coraje y la frustración me nublaron la vista. Solo quería alejarme, caminé por varias calles hasta llegar a una rotonda, ahí fue donde detuve y miré a mi alrededor. El panorama no se me hacía conocido, un poco asustada porque nadie pasaba, saqué mi celular para checar mi ubicación.
Estaba algo lejos de casa, pero afortunadamente esa avenida me acercaba, solo tenía que pedir un Uber y esperar a que llegara. Los mapas de Google me decían que estaba a 30 minutos de mi casa, aun no puedo saber por qué, pero empecé a caminar. Tal vez fueron las cervezas, tal vez solo quería despejar mi mente, no pensé en nada, ni siquiera en mi propia seguridad. Iba en minifalda, ombliguera y una chamarra que no me llegaba a la cintura, debajo solo traía una tanga, mis tenis y mi bolsa de mano. Caminé unas calles, de pronto me ubiqué, los negocios y las casas se me hicieron familiares, estaba muy cerca de mi casa. Era esa zona donde siempre pasaba por las tardes a provocar a los hombres, instintivamente me desvié y llegué a la calle del taller. Un camion blanco de pasajeros estaba estacionado al frente, pero todo estaba cerrado, pasé al lado recordando a esos mecánicos. Las imágenes que les conté al principio empezaron a invadirme, miré el camion deseando que alguno de ellos apareciera.
Caminé por esa calle oscura, apenas avancé unas casas más allá del taller y del camion cuando escuché una voz hablarme.
—Hola mi amor, ¿A dónde tan solita? — Mi primer instinto fue no voltear y seguir mi camino, pero volteé a ver quién era. Un hombre se asomaba por una de las ventanas del camion, apenas noté su silueta y sentí como mi corazón se aceleró.
—Ven pequeña, ¿no quieres una cerveza? — Me preguntó, yo giré la cabeza negándome a su invitación y me alejé un poco temerosa.
—Espérame tantito, no te vayas por favor— Me dijo y me quede ahí parada, cruzada de brazos, mientras bajaba del camion. Se escuchó un sonido como de aire escapándose, la puerta se abrió y bajó uno de esos mecánicos que siempre me saludaban.
—Hola, ¿cómo te llamas?, ¿por qué andas tan solita a estas horas?, no ves que te pueden robar, que chula te ves— Me miraba de pies a cabeza, solo le contesté que iba a mi casa, al escuchar mi voz, notó de inmediato que estaba tomada.
—Ven, te invito una cerveza, nos la tomamos súper rápido y te llevó a tu casa, así me aseguro que no te pase nada malo— Sin descaro me sabroseaba con la mirada, en eso otro de los mecánicos bajó y se acercó a nosotros, al verme, me reconoció.
—Vaya, pero si es mi putita favorita, ¿qué andas haciendo solita a esta hora?, ¿andas buscando verga como siempre? — Sus palabras me hicieron reír, obvio lo decia porque siempre los andaba seduciendo, pero el otro mecánico le dijo que se calmara.
—No le hagas caso mi amor, es un pobre pendejo y ya está algo tomado, entonces qué, te tomas una cerveza con nosotros — Ni siquiera me dieron tiempo de responder, ambos me tomaron de las manos, me jalaron hacia el camion y solté una risa de nervios. Quería detenerlos, pero muy dentro de mí, quería subir, sus miradas morbosas me gustaban, sentí que mi calentura despertaba. Me llamaba más la atencion estar con ellos que toda la bola de puertos inmaduros de la fiesta, obviamente me resistí un poco.
No se las dejé tan facil, pero ellos me subieron sin poder evitarlo, insistiendo en que nos íbamos a divertir un momento. Apenas entramos al camion, cerraron la puerta y me llevaron de la mano por el angosto pasillo hasta los asientos de hasta atrás. Ahí tenían algunas botanas, cervezas y estaban jugando baraja, el que bajó primero destapó una cerveza y me la dio.
—¿Cómo te llamas preciosa?, yo soy Alexis, él es Pablo, eres la chica que siempre viene a comprar con esos shortcitos verdad— Me miraba sonriente, acepté la cerveza, le dije mi nombre y confirmé ser esa chica que les provocaba tener erecciones.
—Wendy, que precioso nombre, bueno, nosotros estamos pasando el rato, pero ya en un ratito nos vamos a descansar— Me dijo Pablo, tomé asiento y ellos continuaron su juego, yo bebía la cerveza y los veía jugar, intercambiando miradas y sonrisas. Creo que me terminé esa cerveza muy rápido, empecé a tener mucho calor, me quité la chamarra y subí mi falda un poco.
Rápidamente la mirada de Pablo se clavó en mis piernas, discretamente le hizo una seña a Alexis para que me mirara. Yo me hice la que no me di cuenta y crucé la pierna para que me vieran mejor, meneando la botella vacía sobre mis piernas. Pablo tomó otra cerveza, la destapó y me la dio, no sé si me la empiné de más o qué pasó, pero salió a presión derramándose sobre mí. Obvio mi blusa se mojó toda y se pegó a mis tetas, como no traía brasier mis pezones se marcaron enseguida en la tela mojada. Yo me reí nerviosa y ellos no dejaban de mirarme, Alexis me pasó unas servilletas y me sequé mientras ellos continuaban mirándome.
—¿Qué tanto me ven?, ¿les gusta mirarme verdad? — les dije sabiendo que estaban a nada de levantarse y cogerme.
—Es que estás deliciosa chaparrita, que ganas de arrancarte la ropa y cogerte aquí mismo entre los dos— dijo Pablo. Sus miradas me calentaron tanto, que sin decir nada, me quité la blusa como autorizándoles cogerme en ese momento.
Ambos se levantaron, Alexis fue el primero en acercarse, se pegó a mis tetas y mientras las chupaba volví a derramar cerveza. Empapando mi piel y él la recibía en la boca, sus manos ásperas y manchadas por los restos de grasa empezaron a tocarme. Pablo se acercó, me miraba deseoso, tomó mi mano y me puse de pie con Alexis pegado a mis tetas como recién nacido. Se puso detrás de mí y desabrochó mi falda, la bajo hasta caer a mis tobillos, después bajó mi tanga que ya estaba empapada. Sentí sus manos abrir mis nalgas para meter su cara, pare bien mi culito, su lengua traviesa empezó a lamerme toda. Mis gemidos se hicieron más intensos, Alexis me manoseaba por todos lados mientras me besaba y Pablo me chupaba súper rico. Cerré los ojos y me dejé llevar por ese par recordando las fantasías que me volvían loca por las tardes, mientras ellos se desnudaban. Pablo se recostó sobre el pasillo, me acomodó sobre de su cara para seguir chupándome y Alexis me apunto con su verga dura.
La tomé con las manos, empecé a masturbarlo con fuerza, él me miraba ansioso y me la metí completa a la boca, me cabía perfecto. Empezó a moverse muy rico, me cogía delicioso por la boca, sus manos se metieron entre mis cabellos para guiarme. Bajé las manos y lo dejé cogerme así, mientras la boca de Pablo me hacía gemir, pero la verga de Alexis ahogaba mis gemidos. Me la metia toda pegando mi frente a su ombligo, así me dejaba unos segundos hasta que mis arcadas lo hacían alejarme. Pablo me estaba chupando tan rico, pegado a mi clítoris, su lengua me penetraba tan rico que tuve rico orgasmo en pocos minutos. Mis espasmos lo motivaron, apenas terminar de correrme se giró y nos acomodamos para que me montará sobre él. Sentí los tallones de su verga por toda mi vulva, cerré los ojos esperando ser penetrada por ese hombre maduro. Mientras Alexis continuaba cogiéndome por la boca, Pablo me la metio lento, poco a poco, apretando mis caderas hacia él.
Empezó a cogerme cada vez más fuerte, yo me sentía en la gloria, ese par de hombres viejos y sucios me estaban cogiendo muy rico. Alexis me saco la verga de la boca y mi baba escurría por mi barbilla, empecé a masturbarlo, él gemía y gruñía mirándome. Yo le empecé a dar unos ricos sentones a Pablo, apretaba mis tetas y me cogía delicioso, su verga me tenía gritando y gimiendo. Después de un ratito me levantaron, ahora le tocaba a Alexis cogerme, se acomodó en el asiento y me senté sobre de él. Con mis piernas juntas, le di sentones leves para no sacarme su verga por los movimientos, mientras Pablo destapaba otra cerveza. Se me acercó con su verga bañada con mis jugos, me la apunto a la cara y empecé a chuparlo, su verga estaba deliciosa. La tenía más grande y más gruesa, hice lo que pude para metérmela completa pero no me entró, mientras él se empinaba la botella. Alexis no soporto mucho mis movimientos, estaba a punto de correrse, me pidió levantarme porque ya no aguantaba más.
Ambos me la sacaron, me levanté y me puse de rodillas y se pararon frente a mi para chupar y masturbar sus vergas deliciosas. Alterne entre los dos, hasta que no aguantaron más y se corrieron en mi cara, su leche espesa y caliente cayo en mi boca y en mi cara. Algunas gotas cayeron en mi cabello y en mis tetas, se las exprimí hasta que la última gota de lechita salió, obvio comí toda la que pude. Mientras me miraban complacidos y satisfechos empapados en sudor, Pablo me acercó su cerveza, abrí la boca y la derramo sobre mí. Me levanté y me senté en el asiento mientras terminaba de comerme la lechita que cayó en mis tetas y ellos me miraban. Yo les sonreía y les posaba coqueta, estaba muy contenta porque había cumplido parte de esa fantasía con ellos, me sentí satisfecha. Nuestra ropa estaba amontonada sobre los asientos, separaron cada prenda y me pasaron mi ropa, nos vestimos súper rápido. Limpie mi cara con unas servilletas, esperaron a que arreglara mi cabello y retocara mi maquillaje sin decir una palabra.
Pablo bajó del camion y sacó un coche mientras terminaba de arreglarme, Alexis y yo bajamos del camion y ofrecieron llevarme. Avanzamos unas calles en silencio, solo les iba diciendo por dónde ir, revisé mi celular y apenas iban a dar las 11 de la noche.
—Oye que rico la pasamos, ya sabes preciosa, cuando estés caliente y quieras otra cogida como ahorita, ven a buscarnos, aquí siempre estamos, nos vamos ya muy noche— me dijo Pablo, obviamente que iba a querer coger muchas veces más con ellos.
—Ok, pero para la próxima quiero que me cojan en su taller y todos los que trabajan ahí, ¿Cuántos mecánicos son? — Les dije y ambos me voltearon a ver sorprendidos, creo que no se imaginaban lo puta sexosa que era a esa edad.
—Mecánicos solo somos dos, a veces vienen amigos, pero solo están de chismosos, o los choferes que traen sus camiones— Me dijo Pablo, les repetí mi deseo de coger dentro del taller por la tarde y aceptaron, la cita seria la próxima semana.
Llegamos a la esquina de mi calle que estaba vacía, les di un beso y antes de bajar, subí mi falda dejando mi culito descubierto. Me despedí y caminé a mi casa moviendo la cadera para que me vieran, al llegar a mi puerta acomodé mi ropa y les hice adiós. Ellos se marcharon, entré a mi casa, subí las escaleras, de la recamara de mis papás se escuchaba una película en la TV. Entré rápido al baño, me lavé la cara y los dientes y acomodé bien mi cabello, al salir del baño fui a la recámara de mis papás. Entré a saludarlos, me preguntaron por la fiesta, les dije que todo había estado genial, les di las buenas noches y me fui a mi habitación. Me quité la ropa, tomé una toalla y regresé al baño a enjuagarme, al volver a mi recámara me puse un short chiquito y me acosté a dormir. Desperté confundida, tratando de comprender si lo que había pasado la noche anterior de verdad pasó o solo fue un sueño. Obvio me acordaba de todo, pero al ser una fantasía tan intensa y por como pasaron las cosas, aun no creía que había pasado.
—Amiga, ¿qué te pasó?, ¿estás bien?, ya no volviste a la fiesta, nos quedamos en la casa de Edgar, apenas desperté y no estás, los chicos dicen que desapareciste en el Oxxo, ¿Dónde estás? — Me dijo Melanie en un mensaje, le conteste que todo bien.
—Hola Mel, estoy en mi casa, no te preocupes, todo bien, me aburrí de esos payasos y mejor me regresé, a ver si no te regañan, ¿le avisaste a tú papá?, si no se te va a armar cuando llegues— la muy lista le dijo a su papá que se iba a quedar conmigo. Mensajeamos un poco más y por la tarde cuando me mandaron por las tortillas, iba un poco nerviosa porque iba a verlos. Al llegar a la tortillería se asomaron como siempre, me miraban sonrientes, después de pagar me acerqué para saludarlos.
—Hola muñequita, que rico la pasamos anoche, espero que la cita de la próxima semana siga en pie, ¿o ya te arrepentiste? — Me dijo Alexis, obvio no me había arrepentido, de hecho, les volví a recordar mis deseos de que me cogieran en el taller.




