Violada por un ratero, soy puta lo disfrute

Violada por un ratero, soy puta lo disfrute

.Esto pasó hace dos años y medio. Primero me gustaría presentarme, mi nombre es Lisa y soy una chica de 20 y pocos. Soy castaña y tengo los ojos de un café claro, mis labios son en forma de corazón, gruesos y bastante marcados. Mis pechos son medianos y tienen la aureola un poco más grande de lo habitual. Mi genética es muy favorable, pues soy muy delgada y tengo las piernas más largas que el tronco. Mis nalgas son medianas y redonditas, pues me gusta hacer mucho ejercicio en mis ratos libres.

Para darles contexto, yo siempre había sido lo que se denomina en México como una niña bien. Siempre me llevaban y me traían mis papás a la escuela y a los lugares, nunca me descuidaban y siempre estaban bien atentos a mi. Claro que tuve muchos novios en la preparatoria, pero siempre se me educó bajo la idea de que la virginidad debía conservarla hasta el matrimonio.

Todo comenzó en declive en mi vida cuando mi padre falleció por lo que mi mamá tuvo que comenzar a trabajar como enfermera en un hospital público, por los gastos tuve que salirme de mi universidad privada y comencé a estudiar en una pública. Dejé de tener lujos, hasta mi mamá me enseñó a andar en metro, cosa que era horrible porque yo en mi vida me había subido a ese transporte.

Comencé mi tercer semestre en la nueva escuela y la verdad era conocida como la fresita, pues siempre me vestía bien y trataba de cuidarme estéticamente. Tanto así que comencé a tener un novio muy guapo y de clase, me encantaba que me consintiera y siempre me respetaba, lo amaba muchísimo e incluso le regalé mi virginidad al año de novios.

La historia comienza cuando Ulises, mi novio, me convence de irnos de pinta a celebrar nuestro aniversario. Inmediatamente acepté porque mi mamá me había descuidado mucho y confiaba en que llegara a la casa a mis horas. Nos quedamos de ver cerca de Chapultepec y de ahí irnos a un motel muy bonito. Por lo que ese día me puse guapísima, me había ido a hacer las uñas y hasta me había depilado toda. Me bañé y me puse una lencería que había comprado para ese día, era negra con tiras que simulaban un corset y el brasier estaba diseñado para que la copa fuera de pura lencería y se vieran mis pezones.

Ese día me perfumé con la mejor de mis colonias. Me puse un pantalón de cuero que marcaba mis nalgas y las hacía ver muy grandes, también me puse un top corto que no dejaba mucho a la imaginación, encima llevaba una chamarra de mezclilla para cubrirme un poco.

Como era normal me subí en la estación más cerca, me quedaba un poco lejos pero no me importaba mucho. Había olvidado mis audífonos así que no me quedo más remedio que ir escuchando las conversaciones de la gente. Obviamente había tomado el vagón de mujeres, todo iba muy normal, solo me faltaban al rededor de cuatro estaciones para llegar cuando en la siguiente parada se subió un oficial y dijo que la siguiente estación estaba cerrada y no iba a tener servicio. Para los que han ido en metro y les ha pasado saben a qué situación me refiero.

Cerraron la línea y la gente comenzó a bajar y a hacer mucho ruido. Me bajé con ellos y rápido saqué mi mapa para ver en donde transbordaba. Vi la hora en mi celular y me di cuenta de que ya iba muy tarde. Corrí como pude hacia el transborde y fue ahí donde todo comenzó.

Llegué justo cuando el metro estaba abriendo sus puertas y esta vez no me importó que no fuera el vagón de mujeres, yo me sentía un poco desesperada porque llevaba el tiempo contado. Me subí y había tantos hombres empujando que terminé hasta el fondo pegada a la puerta trasera. Era un transbordo relativamente largo así que me acomodé e ignoré las miradas de los hombres morbosos viéndome las tetas. En la siguiente estación, subió más gente, entre ellos un muchacho con el cual hice contacto visual por un momento, hasta que aparté la mirada, ya que se veía de esos que robaban.

Comencé a moverme como pude para quedar más cerca de la salida conforme iba el viaje, y cuando me faltaban un par de estaciones intenté moverme pero un par de manos me tomaron de la cintura y me jalaron. Voltee a ver y el muchacho me tenía bien agarrada de las caderas. Abrí la boca para decir algo pero la verdad es que no sabía qué iba a decir, me había metido en el vagón de hombres con una ropa ajustada. De seguro me iría pero a mi. No dije nada y solo me moví para tratar de sacarme, pero el hombre estaba bien agarrado de mi. Comenzó a pegarse tanto a mi que pude sentir en mis nalgas su bulto duro, tragué saliva e intenté acomodarme pues me sentía incómoda.

El hombre solo se restregaba contra mi, y la verdad es que eso me estaba calentando mucho. “¿Qué puede pasar?” Pensé y comencé a recargarme más sobre él, dejándome. El muchacho metió la mano en mi pantalón y comenzó a masturbarme. Juro que si hubiera gemido todos me verían pero es que sentía demasiado rico. Estaba comenzando a calentarme mientras ese hombre se me restregaba, justo cuando sentí que comenzó a masturbarse fue cuando llegué a mi estación.

Me bajé con la multitud y me arreglé el pantalón, mi vagina ya estaba húmeda e iba pensando en decirle a Ulises que nos saltáramos las citas y nos fuéramos directo al motel. Iba caminando ya hacia la salida cuando sentí que alguien me abrazó. Sudé frío la verdad. Sentí algo puntiagudo entre mis costillas y me susurraron:

—No me puedes dejar así, putita. Mira cómo me tienes. Si gritas, te clavo esta navaja y más van a tardar en atenderte que en desangrarte. Acompáñame.

Ahí se me bajó la calentura, y hasta sentí mis piernas temblar del miedo. El corazón me latía a mil por hora.

—Y-yo…no me hagas nada por favor…te doy todo lo que tengo….

Sin duda para la gente que iba pasando solo nos veíamos como dos novios muy acaramelados pero yo solo quería gritar y pedir ayuda. El hombre me obligó a caminar hacia la salida del otro lado de la mía.

—Shhh tu sígueme y no te va a pasar nada. Aguas y haces algún movimiento porque acá te quedas…

Asentí toda miedosa y comencé a caminar hacia la dirección que él me indicaba. Fueron cinco minutos pero para mi fue una eternidad, trataba de hacer contacto visual con las personas para pedir ayuda pero nadie me veía al rostro. Cuando llegamos vi a un par de policías y fue ahí donde la esperanza me inundó.

—¿Qué onda, mi Roger? ¿Cómo andamos?

Gritó mi asaltante al poli que estaba ahí. El lo saludó con la mano y comenzó a reírse señalándome.

—Que barbaridad, mi Chilo ¿Ya traes nueva novia?

Ahí fue cuando entendí que los polis no iban a hacer nada por mi, pues ya conocían a Chilo y eran sus amigos. En ese punto me puse a llorar un poco. Se despidieron con gestos y seguimos caminando.

—No puedes hacer nada, zorrita. Esos perros son mis amigos.

Susurró en mi coronilla y yo solo seguí caminando. Salimos del metro y había un montón de gente por lo que era fácil pasar desapercibida. Seguí llorando de miedo mientras caminaba, pasamos una o dos cuadras hasta que dimos con un pequeño motel.

—N-no por favor…te doy lo que quieras…

Lloré más fuerte, tenía mucho miedo y lo único que quería era estar en los brazos de Ulises. Tal vez cuando se descuidara podría utilizar mi celular para llamarlo y pedir ayuda.

—Cállate, puta. Harás lo que yo te diga si no quieres que te navajee ahorita.

Chilo le silbó al de la recepción, sacó un billete de $200 y lo puso en la caja, todo esto mientras me apuntaba con su navaja. Seguí llorando y esta vez me agarró más fuerte y me guió a la habitación, abrió e inmediatamente me empujó contra la cama. Comencé a llorar más fuerte y pude verlo mejor, era un poco más alto que yo y era muy delgado. Tenía una apariencia desordenada y se veía como esas personas por las que cruzas la calle para no caminar a su lado.

—¡Arrodíllate!

Señalo el suelo.

—N-no por favor…te doy lo que quieras…le puedo decir a mi novio el tiene dinero…

—¡Cállate!

Me jalo del pelo y me obligó a arrodillarme. Me tomó el rostro lastimándome.

—Hoy yo soy tu puto novio. A mi me obedeces. No te preocupes, putita. Hasta vas a olvidar a tu novio.

Dicho eso volvió a agarrarme del pelo y por segunda vez me aventó a la cama. Esta vez no me dio tiempo ni de reaccionar porque ya me tenía en cuatro y con mi pantalón abajo.

—Fiiiuuuu. Mira, hasta te arreglaste para mi, zorra. Mira nada más.

Lloré más fuerte y sentí como retiro mi tanga con mucha fuerza y enterró su cara entre mis nalgas. Comenzó a chuparme y a estimularme y la verdad es que comencé a disfrutarlo. Lamió todo de mi. Hasta pude sentir su lengua en mi ano. Me mordí para no gemir porque no quería que él viera que lo estaba disfrutando. Pero mi vagina ya me estaba traicionando porque estaba muy húmeda y sensible.

—Que delicia. Sabes a jaboncito del rico. ¿Te gusta que te la mame así?

Como no contesté inmediato me dio una nalgada que me hizo sollozar. Me ardió tanto que otra vez las lágrimas salieron.

—P-por favor

Otra nalgada y ahora iba con más intención de que me doliera.

—Si vuelves a decir por favor no voy a dudar en navajearte. Mira como me pones, perra. Tengo la verga bien dura por tu culpa. Bien que quieres, nada más te haces.

Lloré más fuerte. Cuando voltee pude ver cómo se bajaba los pantalones y su verga dura y erecta apuntaba en mi dirección. Era bastante grande y delgada, de hecho era muchísimo más grande que la de Ulises. Si con él me dolía un poco con Chilo de seguro sería un infierno. Abrí la boca maravillada.

—Bien que te gusta mi verga, putita. No te preocupes. Ahorita estará adentro de ti.

Se volvió a acercar a mi y soltó un gargajo en mi entrada, después comenzó a esparcir la saliva con la punta de su verga. En ese momento había dejado de llorar y solo podía gemir como una zorra. Entró la punta y gemí, era bastante larga y mi cuerpo solo estaba acostumbrado a la de Ulises. Sin más dio un empujón y metió toda. Grité de sorpresa y dolor, pues lo sentía más al fondo.

—Oh..p-por favor…sácala…me duele

—¿Qué te va a doler puta? ¿Tu novio no la tiene más grande? Mira nada más que vaginita tan deliciosa…ufff…me prendes mucho, perra

Comenzó a moverse y a penetrarme con más fuerza sin importarle si me dolía o no. Se movía con tal fuerza que me tenía bien prensada de la cintura. Mi clitoris se estimuló demasiado y yo ya no lloraba, ahora gemía de placer. Chocaba contra mi y en un arranqué de placer me dio tres nalgadas con fuerza.

—Oh si perra. Que rico. Estás tan apretada…bien que te gusta, puta…mira nada más como chorreas y gritas como perra en celo…

Era verdad, yo me sentía demasiado excitada. Mi vagina estaba ya bien abierta para él y me cogia con una fuerza extrema que ardía pero me hacía sentir como loca. La nueva idea de ser un juguete sexual me hacía sentir increíble. Se detuvo por un momento y yo gemí protestando. Voltee a verlo y sonrió.

—Muevete para mi, mami…

Me mordí el labio y comencé a mover mis caderas, empañándome yo solita. Mis nalgas rebotaban y la fricción de la piel húmeda contra su verga hacia que perdiera la cabeza.

—Si, amor…hmmm…así, perrita…

Mis fluidos ya estaban mojando toda mi área íntima y yo ya no podía hacer nada más que sucumbir al placer. Me agarró de las caderas y me tiró a la cama. Se abalanzó sobre mi, volteándome y quitándome toda la ropa, quedándome desnuda ante él. Mis pezones ya eran pequeñas montañitas, duros y erectos.

Me observó por un momento y sonrió perversamente.

—Abre las piernas, perra. Te voy a enseñar lo que es tener una buena verga dentro de ti.

Lo obedecí en inmediatamente volvió a entrar. Rodee su cintura con mis piernas y comenzó a cogerme de manera ruda y exquisita. Sus testículos cochaban contra mi piel, lastimándola de tan duro que iba. Se prensó a mis tetas y comenzó a jalar los pezones y mordisquearlos.

Yo gemía como loca, lo abracé instándolo a seguir dadores duro. Me dolían los pechos pues me mordía y no era para nada amable conmigo. Un momento bajo sus dedos a mi clitoris y comenzó a estimularlo aún más, por lo que no tardé en venirme con fuerza. Nunca me había venido así, mis piernas temblaban y mi abdomen se contraía con fuerza.

Grite y gemí como loca mientras Chilo me daba las últimas estocadas antes de venirse dentro de mi. Cuando lo hizo jadeó y gimió y atrapó mi boca para besarme con fuerza, su lengua entró y casi me estaba ahogando pero me vi respondiéndole el beso. Cuando terminó me soltó y se dejó caer sobre mi.

El corazón me latía a mil y mi cuerpo temblaba. Cerré los ojos tratando de calmarme, pues la culpa no tardó en venir, le había sido infiel a Ulises con un hombre que no conocía y lo peor es que me había hecho venir como él nunca podría. Comencé a llorar de nuevo y Chilo se rio.

—Ay perrita ¿porque lloras? Si bien que te corriste. Me dejaste sin leche, mami.

No dije nada y me quedé acostada, mi celular comenzó a sonar, de seguro era Ulises preocupado porque no llegaba. Hice para tomarlo cuando Chilo se abalanzó y me atrapó.

—No, perrita. Tú no vas a contestar. No he terminado contigo. Mamamela.

Chilo se sentó y me quedé observando como tenía una nueva erección creciendo. Algo se apoderó de mi, una nueva yo pervertida y deseosa de mamarsela. Asentí y me bajé de la cama, me puse de rodillas y le di la primera lamida. Sabía salada y tenía semen y mis fluidos escurriendo. “Ya estoy aquí, ya fui infiel, ya lo voy a disfrutar” pensé antes de meterme su verga a la boca. Se la chupé con ganas, succionando y pasando mi lengua por cada vena que resaltaba contra su piel suave. Chupe el glande y los succioné, trancándome los fluidos que salían de la ranura en la punta.

Sin duda Chilo estaba disfrutando porque hacía ruidos muy eróticos. Se puso de pie y tomó mi cabeza para comenzar a cogerme la boca y metérmela toda hasta la garganta. Salive demasiado teniendo arcadas y sin poder respirar bien. Lo tomé de los muslos empujándolo y me dio una cachetada.

—Abre bien la boca y no te muevas, puta.

Así lo hice y comencé a masturbarme yo, mientras el utilizaba mi boca, yo me tocaba mi sensible vagina. Esta vez no duró mucho, pues se corrió inyectando su semen directamente en mi garganta, me los tragué bebiendo y sintiéndome como toda una puta, pero también me corri.

—Aggg que puta tan rica…¿te encanta mamarmelo verdad?

Asentí y sonreí. Al ver mi sonrisa se agachó y me jaló del pelo para ponerme de pie, era más alto que yo por lo que incliné mi rostro y él me besó con tantas ganas. Metió su lengua hasta el fondo de mi boca, sin pudor ni asco, le devolví el beso con pasión, tomando su verga con una mano y masturbandolo. Se apartó de mi con los labios hinchados.

—Mi perrita quiere más verga…más lechita…

—Sí quiero más. Por favor…

—Esos por favor sí me gustan, mi putita. Ponte en cuatro.

Obedecí sin más, pensando que iba a volver a penetrarme por la vagina. Hasta lo sentí en la entrada de mi ano, me voltee y negué.

—N-no por ahí no…por favor…yo nunca he…

—¿Cómo no, putita? ¿Seré tu primera vez? No te preocupes, solo te va a doler un chingo…

—N-no espera…espera…

El pánico comenzaba a adueñarse de mi. Voltee, tratando de protegerme pero me tenía bien agarrada de las caderas.

—¡Que no te quites, puta! ¡Si yo te quiero coger por el culo te voy a coger por el culo! ¿Entendiste?

Asentí al borde del llanto de nuevo.

—Hazlo suave…por favor

Volvió a escupir sobre mi entrada y metió un dedo, restregando toda su saliva en mi agujero. Después, comenzó a presionar la punta.

—Chingao no entra. A ver putita acomódate así…

Me acomodo de manera que el rostro lo tenía pegado a la cama y el culo bien parado. Metió dos dedos y me dolió muchísimo, sentía que me ardía demasiado. De pronto entró su punta y grité de dolor.

—Eso es, putita. Ya entró, solo falta que entre toda mi verga.

No dije nada y cerré los ojos, Chilo comenzó a meter toda su verga y sentí como mi canal se iba abriendo dolorosamente. Lloré de dolor, pues nunca me habían hecho un anal. Sufrí muchísimo, y sentí su espalda pegada a la mía, obviamente ya había entrado toda. De quedó quieto mientras yo sentía como palpitaba mi ano y se calentaba.

—Shhh shhhh ya, mi perrita. Ahorita te acostumbras.

Estúpidamente sentí mucha emoción al escuchar esas palabras cariñosas y su acción para que no me doliera. El dolor nunca se fue y Chilo salió de mi para volver a entrar con esfuerzo. Y así comenzó a bombear su cuerpo mientras mi ano comenzaba a agrandarse. Sinceramente yo ya no estaba disfrutando, me dolía demasiado, pero Chilo no paraba de maldecir y gemir.

Me quedé en silencio y después, sentí la mano de Chilo en mi clitoris de nuevo, comenzó a tocarme y a moverlo en círculos y ahí fue cuando comencé a sentir rico. Me comencé a excitar y a gemir de nuevo. El hombre me puso de perrito, y me jaló el pelo haciendo que mi cabeza se hiciera atrás y mi espalda se arqueara. Yo ya estaba muy excitada. Ya no me dolía tanto pero me excitaba más la idea de que me habían desvirgado analmente y un desconocido.

Chilo se daba vuelo, me penetraba con fuerza, haciéndome para adelante. Los ruidos y todo eran muy morbosos. Sentía bien caliente el ano mis brazos comenzaban a entumirse pero existía dentro de mi una sensación demasiado grata. Chilo bajaba su mano a mi clitoris y luego penetraba con sus dedos mi vagina, estimulándome y haciéndome sentir demasiado.

En un momento comenzó a moverse más duro y me aplastó la cabeza contra la cama, moviéndose más rápido y fuerte, haciéndome daño pero ya no me importaba. Podía sentir un nudo en mi vientre y mis piernas temblando, sin más me corri con ganas, con fuerza. Mi mente se puso en blanco y chorreé como nunca. Chilo dio unas últimas estocadas y me llenó de su semen, el cual ardía dentro de mi canal adolorido. Las piernas en temblaban y me dejé caer exhausta mientras dejaba un chorro de líquido en las sabandas.

Chilo se volteó a verme y me volvió a besar jalándome y mordisqueando mi labio. Yo estaba muy cansada, por lo que me quedé dormida aún con con los temblores en mi cuerpo.

Cuando desperté, Chilo se había ido, como pude me puse de pie y vi mi celular, había anochecido ya. Tenía muchas llamadas perdidas de Ulises. Le mandé un mensaje para cancelar nuestra cita y le inventé que una amiga había tenido un accidente por lo que no había podido contestarle. De milagro se creyó todo, me comencé a vestir rápido y pedí un taxi de aplicación, junte mis cosas y me di cuenta de que Chilo había olvidado su chaqueta, la levanté y de ella cayó un lapiz al suelo. Lo observé y me quise morir, nunca había sido una navaja.